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EL DUELO

El duelo, el proceso natural de la muerte cuando se padece de una enfermedad terminal debe ser abordado con dignidad y respeto hacia las personas que padecen la enfermedad y sus familiares por Pere J. Clavero, Psicoterapeuta y Docente.

Me siento delante de la pantalla en blanco, el teclado esperando que mis dedos marquen el ritmo producido por el fluir de las palabras que ahora parecen no encontrar el camino de salida, mirando el parpadeo casi hipnótico del cursor comienzan a emerger recuerdos de mis primeros pasos en el campo de las Curas Paliativas (CCPP) y el Duelo. Hacia un par de años que había acabado la carrera y saboreaba al unísono la inseguridad de los primeros pasos ejerciendo como psicólogo, el ímpetu de la juventud y la curiosidad por comprobar la utilidad práctica de 5 años de teoría, en definitiva, un recién llegado al apasionante y misterioso universo de la psique y el comportamiento humano.

Ocurrió entonces una de esas cosas que no tienes previstas ni en las mejores fantasías. El equipo de la UFISS de Geriatría y CCPP de uno de los hospitales del Barcelonés‐Norte, a cuyos integrantes me sigo sintiendo unido desde el afecto, liderado en aquel entonces por mi querido Dr. Girbau, me ofreció formar parte como psicólogo residente, la primera pregunta que les formulé fue:

¿Qué son las CCPP? Debo confesar que al escuchar la respuesta un intenso escalofrió recorrió mi espalda. Resuenan en mí, como si no hubieran pasado los años, mis palabras pidiendo un tiempo para formarme en CCPP y duelo. Durante los 5 años de carrera en la universidad nadie nos habló ni de uno ni de otro.

Hago un inciso en este punto, me alegra decir que hoy día esto ha cambiado y en universidades como la de Girona o Barcelona se escuchan docentes con amplia trayectoria en estos campos que aprovechan las ocasiones que el currículum académico les brinda para compartir sus experiencias desde la psico‐oncologia, las CCPP y el duelo.

Retomando el punto anterior, inicié un cicló de formación de dos años de la mano de mis primeros maestros, Manel Dionís y Marta Schröder. Referentes ambos para aquel joven grupo de el duelo psicólogos que, gracias a ellos y otros compañeros de contrastada experiencia y dilatada trayectoria, se hizo un hueco en el mundo de la oncología y las CCPP, hablo de los años 80, a pesar del tiempo mi memoria conserva la luz del aula y la mesa circular alrededor de la que estábamos sentados 2 psicólogos y 5 psicólogas que, sin conocernos de nada, compartimos nuestra insaciable curiosidad y algunos de los más íntimos temores relacionados con la muerte, tanto propia como ajena.

Aquel curso de introducción a las CCPP hizo que tomara consciencia del calibre y la dimensión del campo en el cual comenzaba a dar mis primeros pasos, fueron días intensos que hicieron germinar en mí el firme propósito de seguir formándome y, ahora sí podía decirlo, dedicarme a dar apoyo a personas al final de la vida y sus familias, durante el proceso hacia la muerte y tras ésta a los dolientes.

Trabajar en CCPP y duelo precisa de una formación continuada, la comunión entre la teoría y la praxis es necesaria, como en cualquier disciplina o profesión, también, en el marco de la psicología clínica y la psicoterapia, es conocida la conveniencia y en algún caso el requisito de que el profesional en formación pase por una terapia. Pero en CCPP y duelo, desde mi humilde punto de vista, considero que es estrictamente necesario que el profesional haga un trabajo personal, profundo y un chequeo de éste duelo continuo.

El profesional se coloca delante de una persona o varios miembros de una familia que están pasando por un trance del cual nadie, incluyéndose el que suscribe, está exento.

El Quién, el Cuándo, el Cómo y el Dónde son incógnitas cuyo valor asignado está por descubrir y, afortunadamente, podemos ocuparnos en otros menesteres hasta que nos sea rebelado. Esto sería así en cualquier otro escenario laboral, pero ¿qué pasa cuando trabajas en contacto con el sufrimiento y la muerte?.

Al contestar esta pregunta, se hace evidente, al menos desde mi experiencia, que junto a la necesidad de modelos teóricos, técnicas y recursos para actuar, es ineludible ocuparse de quién aplicará aquella técnica, apoyándose en un marco teórico y activando los recursos a su alcance. El Quien del terapeuta es esencial en el desarrollo de la praxis, su eficacia y efectividad deben sincronizarse, especialmente en el caso de atender a una persona que vislumbra el final de su viaje.

En ese trance el tiempo no acostumbra a jugar a favor ni para la persona que consume su último trayecto ni para nadie, el tiempo se dilata y se contrae, se hace eterno en un instante e insuficiente aunque transcurran horas, días o meses.

La muerte y el duelo son procesos naturales.

En el duelo, así como en el declive hacia la muerte, es la totalidad de la persona que se ve afectada tanto a nivel físico, emocional, relacional y espiritual, las necesidades de las personas que viven estas experiencias no siempre encuentran el contexto personal, familiar o social en que poder satisfacerse. Estas necesidades deben ser evaluadas y posteriormente valorada la idoneidad de medios disponibles para darles respuesta.

En función de esto podremos identificar fases que describen el proceso o , siguiendo a uno de los autores más influyentes en el abordaje del duelo, W. Worden trabajar las tareas del duelo que harán que éste avance. A partir de la identificación de fases y tareas podremos tener una primera impresión y situarnos ante un caso en que inicialmente optaremos por asesoramiento sobre un proceso de pérdida (CCPP) o duelo (muerte) sano, o bien será necesario plantear una terapia para intervenir en el proceso ante la presencia de factores de riesgo que puedan desencadenar por ejemplo un Trastorno Adaptativo o un proceso de duelo complicado.

Nadie, supongo, se sorprenderá ante la idea de que todos moriremos, pero tal vez si sorprenda la consciencia de que un día yo moriré, y de que mi percepción de control sobre la vida inducida por un plan predeterminado artificialmente con fecha de caducidad abierta no es firme, es una ilusión.

Si la reacción ante la sorpresa de lo conocido se da en un marco de formación nos daremos la oportunidad de desarrollar nuestra potencialidad y capacidad de trasformación y ayuda. Pero si nos sorprende delante de un paciente o familiar al que supuestamente vamos a brindar nuestro apoyo y saber hacer, entonces cabe la posibilidad nada desdeñable que incurramos en una mala praxis, con gradiente ascendente si no tomamos consciencia de aquello que ha interferido en la relación de ayuda y lo trabajamos en consecuencia.

Especialmente nuestros miedos pueden despertarse ante una identificación en 1ª o 3ras persona con la historia o el sujeto que la explica.

En el campo de las CCPP y el duelo, tal vez de forma más clara que en cualquier otro ámbito, se produce el encuentro de dos biografías que se van a afectar mutuamente: una la del profesional que desde su rol de ayuda pone al Servicio del otro su saber y experiencia, y la de la persona que espera ser ayudado y que se convierte en protagonista del espacio que ambos crean.

La relación entre ambos es el medio a través del cual se experimentará esa ayuda. El profesional sanitario que trabaja en contacto con el sufrimiento que puede generar este tipo de situaciones y experiencias cuenta como primera herramienta, fundamental y necesaria, su propia persona.

Si no cuida de su principal herramienta, su persona, la calidad, eficacia y eficiencia de su Trabajo estarán en riesgo.



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