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EL INSTINTO DE APEGO HACIA LA CRIATURA

Es imposible que una criatura humana reclame algo que no necesita.

Solo los adultos que hemos vivido la crueldad siendo niños, podemos tener el corazón tan frío al punto de sostener que un niño no tiene derecho a recibir aquello que genuinamente está reclamando.

Estamos hablando de una abrumadora realidad colectiva: nos han robado nuestras infancias y ahora nos dedicamos a robar las infancias de quienes son niños hoy.

No vale la pena estudiar la teoría del apego. Es evidente que todo niño humano nace de un vientre materno y anhelará permanecer en un territorio similar. Esto es intrínseco a todas las especies de mamíferos. El verdadero problema es que las madres humanas quienes hemos sido criadas en el vacío afectivo hemos anestesiado en el pasado nuestras necesidades afectivas para no sufrir, distorsionando ahora nuestro instinto espontáneo de apego hacia la criatura recién nacida. Ese es desde mi punto de vista- el verdadero desastre de nuestra civilización.

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Si las mujeres sintiéramos la necesidad de no separarnos de nuestra cría, nadie podría imponernos ese alejamiento. Pero para lograr ese acercamiento tan íntimo, es imprescindible abordar la realidad vivida durante nuestra primera infancia.

Las buenas intenciones no son suficientes. Precisamos un registro consciente que nos habilite a sumergirnos en ese pantano de dolor antiguo, sabiendo que esos registros del pasado son del pasado y que hoy tenemos otros recursos para confrontar con el desamor de nuestra infancia.

¿Por qué afirmaríamos alegremente que no hemos sido suficientemente maternados si los recuerdos que conservamos de nuestra infancia son felices?

Porque hoy no toleramos la demanda “excesiva” de nuestros bebes. ¿”Excesiva” respecto a qué?. A nuestra necesidad infantil de ser colmados en primer lugar. Todos estos conceptos han sido descritos en mis libros ya publicados. Sin embargo no nos sientan bien, sobre todo cuando hacemos grandes esfuerzos para dar a nuestros hijos “todo”. ¿Qué más? No se trata de darles algo más, ni de ofrecer una crianza perfecta.

No. Se trata de abordar y recorrer con valentía la distancia entre lo que esperábamos al llegar al mundo y aquello que nos sucedió en términos de maternaje. La diferencia entre nuestro ser esencial y el mecanismo de supervivencia emocional. El abismo entre el fuego interno y el personaje.

Laura Gutman