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El Proyecto Sentido y La Toma de Conciencia

¿Qué es el proyecto sentido? ¿Quién lo descubrió? Hoy queremos profundizar más  sobre este tema al igual que resolver  todas las dudas que se puedan tener en relación  a la  misma.

El Proyecto Sentido fue descubierto por el Oncólogo y psicólogo clínico francés Marc Fréchet a partir de su propia historia.

Se dice que se nace una sola vez, claro, físicamente. Sin embargo, simbólicamente se nace todos los días.

De acuerdo a la educadora infantil Alicia García, especialista en BioNeuroEmoción, cada día es un PROYECTO, es decir hay una intención que nos conlleva a realizar un acto de acuerdo con esta intención y así todas las acciones tienen un SENTIDO con relación a dicha intención.

Normalmente el resultado está de acuerdo con ésta, pero ¿qué sucede cuando no lo está? Se reaviva, entonces, un conflicto emocional no resuelto que, dependiendo de la calidad de la gestión de nuestras emociones y sentimientos, podremos resolverlo sanamente o no.

Sin embargo, ¿qué sucede cuando el resultado se corresponde con un proyecto inconsciente? A priori, no podemos explicárnoslo, pues no somos conscientes de esa situación, ya que hay programas (experiencias perceptuales que se graban desde meses antes de la concepción hasta la edad de los 6 años) instalados en nuestro inconsciente biológico que se repiten, que los volvemos a experimentar cuando somos adultos. Cabe anotar que la mente subconsciente es inocente, que como lo describe el biólogo celular Bruce Lipton, precursor de la epigenética (control sobre la genética), el subconsciente no hace juicios ni preguntas, simplemente que cuando percibe un estímulo desencadena de forma automática una respuesta que fue aprendida cuando detectó ese estímulo por primera vez (es decir, durante la etapa de nuestra vida temprana).

En el caso particular del Proyecto Sentido, las experiencias, los proyectos, los deseos conscientes e inconscientes que la madre y el padre tienen desde 18 meses antes del nacimiento de su hija (o) (incluso podría suceder desde más antes dependiendo del caso) hasta la edad de los 3 años, el bebé por nacer los graba y posteriormente se ve impulsado a repetir esta grabación por el resto de su vida. Esto sucede así porque el papel de la mente es crear coherencia entre sus programas y la vida real. Cabe indicar que a los 3 años de edad finaliza la etapa fundamental del proceso de mielinización de la red neuronal.

¿Cómo es que desde antes de nacer nuestras vidas y las de nuestros hijos están influenciadas de esa manera como una impronta?

(Impronta o imprinting es un término usado en psicología y etología –término acuñado por Konrad Lorenz, zoólogo y padre de la etología- que describe el proceso biológico de aprendizaje programado del recién nacido que sucede en el período sensitivo tras nada más nacer).

Veamos. La evidencia científica apoya esta noción de Proyecto Sentido, pues ya en 1981 el psiquiatra Thomas Verny (junto con John Kelly), pionero en el campo de la psicología pre y perinatal quien comentó:

“La vida secreta del niño antes de nacer”

Propuso que la influencia de la madre y el padre se extendía incluso hasta durante el embarazo, dado que se confirma que no solo el bebé intrauterino es un ser que oye, percibe y siente, sino que, sobre todo, los estudios neurológicos demuestran que la conciencia existe desde la vida en el útero –nuestro hogar temporal antes de nacer-, particularmente entre las 28 y 32 semanas de gestación intrauterina.

Al respecto, consideramos que nuestra vida, va más allá de nuestra existencia biológica, ya que si bien tenemos conciencia de la misma a partir de las semanas 28 y 32 de gestación intrauterina, recordemos que nuestra esencia es espiritual, por tanto somos alma, o espíritu, o ser, que se ha materializado en cuerpo y mente, por lo que cada uno de nosotros existe desde antes de ser concebido (la dualidad que referimos, espíritu y materia, también está sustentada desde la física cuántica –campo del conocimiento que ha venido a reconciliar ciencia y espiritualidad-, puesto que a nivel sub-atómico se comprueba que existen patrones de interferencia –ondas- que ante el proceso de observación la función de onda cuántica colapsa y deviene en partícula).

Es decir, como bien planteó Jaap van der Wal, médico especializado en embriología humana, en su artículo de 1997 titulado “El discurso del embrión“, la concepción es un momento y su tema esencial es la vinculación y la conexión entre el alma y un cuerpo, pues es gracias a la concepción, y no a causa de ella, que el espíritu puede encontrar la oportunidad y las condiciones para descender, para vincularse.

También, las investigaciones de M.A.H. Surani et al. (1984, 1987, 1993) y, más recientemente, las de Wolf Reik y Jörn Walter (2001) revelan que madres y padres actúan como ingenieros genéticos con sus hijos durante los meses previos a la concepción mediante un proceso llamado “impresión genómica parental”.

De acuerdo a lo reseñado en los Anales Españoles de Pediatría (Asociación Española de Pediatría, 1998):

La mayoría de los genes de nuestro genoma se expresan desde sus dos alelos, el materno y el paterno; sin embargo, algunos genes se expresan exclusiva o predominantemente en sólo uno de ellos, es decir, uno de sus alelos no se transcribe. Estos genes, que no se expresan, se dice que están marcados o “improntados” y a este fenómeno se le denomina impronta genómica o marcaje genómico.

Estas evidencias reconocen el papel que juegan el entorno prenatal y preconcepcional. Esto nos obliga a reconsiderar el determinismo genético (que, por cierto aún se sigue impartiendo en la educación universitaria), pues nuestra salud y nuestro destino no están regulados únicamente por los genes. Los genes no son el destino, sino más bien, como afirma Lipton, son los mecanismos epigenéticos los mecanismos mediante los cuales los estímulos del entorno regulan la actividad génica.

Claro está que el entorno que brinda la crianza también es fundamental, puesto que, como describe el neurólogo Daniel Siegel en “La mente en desarrollo” (1999), “para el cerebro en crecimiento de un niño pequeño, el mundo social proporciona las más importantes experiencias que van a influir sobre la expresión de los genes, lo que a su vez determinará cómo se unen las neuronas entre sí para crear las rutas neuronales que darán origen a la actividad mental”. Es decir que la madre y el padre continúan actuando como ingenieros genéticos después incluso del nacimiento de su hija (o).

Cabe aquí anotar lo que el pediatra neonatólogo Nils Bergman (promotor de los Cuidados Madre Canguro) expone respecto al proceso de formación del sistema neurológico de una criatura y que acertadamente recoge la bióloga Casilda Rodrigáñez, escritora española que considero indispensable cuando se requiere abordar temas sobre crianza y maternidad desde otro paradigma –que sintoniza y empatiza con el cuidado de la vida temprana y que no tiene correspondencia con nuestro actual modelo de civilización:

 “La represión del deseo materno y la génesis del estado de sumisión inconsciente” (2007)

 

“En lugar que el bebé humano nazca con el 80% del cerebro formado como sucede en otras especies, nace con sólo formado un 25% del cerebro adulto, alcanzando ese 80% a los 12 meses después de nacer”.

Es decir que, desde el punto de vista neurológico, el primer año de nacido es también una gestación aunque extrauterina (exterogestación). Además, porque el hábitat normal del ser humano después del nacimiento es el campo de acción de la atracción libidinal con la madre; y este campo de atracción constituye una “matriz extrauterina”, como sugirió la psicoanalista Margaret Mahler (1952).

¿Por qué la evolución habría derivado en un sistema de desarrollo fetal que parece tan peligroso y tan dependiente del entorno de los progenitores?

La respuesta, que estimamos acertada, nos la brinda Lipton en “La biología de la creencia” (2005): “en realidad, es un sistema de lo más ingenioso que ayuda a garantizar la supervivencia de la descendencia. Al final el niño se encontrará en el mismo ambiente que sus padres”. Es decir, que el bebé por nacer confía en lo que la madre experimenta, y lo que ella experimenta el bebé intrauterino adoptará y adaptará su fisiología para responder a lo que la madre percibe.

Si es tan crucial el entorno para la existencia biológica, ¿podría existir un medio más amplio que soporte este entorno parental? Pues, sí. Y se trata de los campos morfogenéticos. Dichos campos son regiones invisibles de influencia con propiedades intrínsecamente holísticas (y de una naturaleza intrínsecamente evolutiva) que existen en la naturaleza, donde las especies biológicas comparten campos de información que existen como una memoria inmaterial, una memoria acumulativa a medida que la pauta de desarrollo se convierte en algo cada vez más habitual.

Desde este punto de vista que sugiere el biólogo Rupert Sheldrake, quien desarrolló la teoría de la resonancia mórfica y de los campos morfogenéticos en “Una nueva ciencia de la vida” (1995), los organismos vivos no sólo heredan los genes, sino también los campos mórficos. El organismo en desarrollo se sincroniza con los campos mórficos de su especie y de tal modo se basa en una memoria mancomunada colectiva, lo que podemos relacionar también con la influencia que tiene en nuestras vida el inconsciente colectivo, formulado por Carl G. Jung.

Entonces, y retomando la conexión con el tema central, de acuerdo al psicólogo Enric Corbera, especialista en BioNeuroEmoción, en “El observador en BioNeuroEmoción” (2013), el Proyecto Sentido viene a estudiar cuáles fueron los condicionamientos de nuestra concepción; también explica lo que graba el inconsciente biológico del bebé intrauterino; y, finalmente, trata de explicar y encontrar los condicionamientos que se graban hasta los 3 años de edad (condicionamientos, sobre todo, de la madre).

Mantener tales condicionamientos en un influyente campo de información y transmitir tal información de progenitores a hijos vía resonancia mórfica tiene un sentido biológico, pues la finalidad es la adaptación al medio en el cual viven la madre y el padre y como el inconsciente biológico es atemporal mantiene esta información en el ahora aun cuando en el consciente de los hijos pasen años (con el transcurrir del tiempo, el campo de información no pierde intensidad después que ha sido creado por sus progenitores).

En consecuencia, como conoce bien nuestro corazón –que contiene más de 40,000 neuronas y una nutrida red de neurotransmisores, proteínas y células de apoyo que lo convierten en un sistema nervioso independiente, de acuerdo a las investigaciones del Institute of HeartMath (2001)-, el rol parental es de una gran responsabilidad, y qué mejor que sea de forma consciente, es decir, desde una toma de conciencia de la función social que ejercemos como madre y como padre, quizá para no pocos la más trascendente de nuestras vidas, ya que “la maternidad no es solo una experiencia o una faceta de la vida de una mujer, sobre todo es el proceso de formación del ser humano”, como nos recuerda Rodrigáñez en su sinopsis del 2012 sobre “Por qué es importante la maternidad”.

Creemos, al igual que la psicoterapeuta familiar Laura Gutman, especializada en atención de madres de niños pequeños y parejas, que no hay mejor regalo para los hijos que tener progenitores que se buscan, que miran su propio interior. Y creemos que esta toma de conciencia del rol parental, desde una perspectiva de la salud preventiva como promueve la psicoterapeuta Yolanda González, especializada en prevención infantil desde el embarazo, favorece la calidad de la interacción temprana madre/padre-criatura, la cual supone una ruptura en la transmisión intergeneracional de progenitores a hijos sobre la reproducción, de forma más o menos inconsciente, de modelos de cuidados de la vida temprana probablemente poco satisfactorios para el bienestar integral de la familia.

Finalmente, como reflexiona Corbera, tomar conciencia va más allá de tomar conocimiento es pasar a la acción de cambio. Es despertar hacia una nueva experiencia de un nuevo estado de conciencia donde nada perturbe la conexión interior con nuestro Ser.

  • Es transformar nuestro mundo interior y no buscando un cambio externo a nosotros (ese cambio del mundo externo será un efecto mas no una causa).
  • Es dejar de identificarnos con nuestro ego; es sentir-pensar-actuar en coherencia emocional, o coherencia
  • Es limpiar y ampliar nuestros filtros mentales, como plantea Annie Marquier, matemática e investigadora de la conciencia.
  • Es romper con el patrón de condicionamientos del pasado y del pensar como respuesta de la memoria.

En particular, como propone Corbera, romper ese lazo o bloqueo de los programas que se encuentran en el Proyecto Sentido de cada individuo se hace imprescindible para poder vivir nuestro proyecto de vida libremente, sin condicionamientos ni creencias limitantes.

¿Quieres conocer tu proyecto Sentido?

Acércate a descodificar  tus síntomas y encuentra el camino a  tu felicidad.

Edgar Mendizabal 

Bioterapeuta