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EL TRANSGENERACIONAL DESDE LA BNE – UNA VISIÓN CUÁNTICA

“Estamos hechos de mil otros. La ilusión es el yo que pretende ser uno.” (Jean-Bertrand Pontalis)

Resulta curioso constatar que a lo largo de la historia desde muy pequeños aprendemos la historia de nuestro país y de nuestra cultura y sin embargo no prestemos ninguna atención a nuestra historia familiar.

Últimamente parece que empieza a cobrar fuerza el tema del transgeneracional. Suscita cada vez más interés en una mayor cantidad y variedad de personas. Posiblemente se deba, en parte al menos, al signo de los tiempos que estamos viviendo aunque, por otro lado, es interesante destacar el hecho de la aparición de diversos estudios científicos en los últimos años que vienen a dar validez a este tema cuyos orígenes se remontan a principios del siglo pasado. Sigmund Freud, descubridor del inconsciente personal, ya en los inicios del psicoanálisis afirmaba que la vida psíquica de cualquier individuo se sostenía en la relación de éste con su familia, en especial con los padres. Posteriormente Jung fue más allá y defendió la existencia del que llamó inconsciente colectivo. Él mismo estudió a fondo su propio árbol genealógico. Más centrados en el estudio del árbol y del inconsciente familiar destacar a autores como Anne Ancelin Schützenberger, Maria Torok, Didier Dumas, Virginia Satir, Milton Erickson, Bert Hellinger y sus constelaciones familiares y Alejandro Jodorowsky, creador del concepto de psicogenealogía.

Han sido muchos años de relegar el estudio del árbol genealógico al ámbito de lo marginal, lo pseudo-científico, lo esotérico incluso, a pesar de haber sido estudiado y aplicado en universidades el siglo pasado gracias a A. Schützenberger y Maria Torok o Nicolas Abraham, entre otros. El tema es que se acepta y se sabe, por razones bien visibles, que se hereda el color de los ojos, de la piel o la forma de la nariz, incluso el carácter testarudo o reservado. Pero, ¿qué pasa cuando le dices a alguien que has heredado un drama vivido por su abuelo? ¿O que ese vitiligo (enfermedad autoinmune que produce manchas blancas en la piel) que acaba de salirte en el pubis tiene su origen en la violación que sufrió tu abuela cuando tenía tu edad y con la que tienes relación por fechas? ¿O que estás reparando a la bisabuela que fue obligada a casarse con alguien que no quería y a darle muchos hijos y esa es la causa de que no los tengas a pesar de estar sana y quererlos tener? Historias y casos clínicos hay cientos de miles. Pero a pesar de los espectaculares resultados obtenidos a nivel terapeútico durante todos estos años no es hasta ahora, una vez refrendado por la ciencia más vanguardista, que se le empieza a dar el lugar que se merece. El propio Jodorowsky dice que

“Si el psicoanálisis fue la gran revolución del siglo XX, la psicogenealogía está destinada a serlo en este siglo XXI”.

Cada uno de nosotros llevamos la información de nuestros ancestros, hasta tres o cuatro generaciones, en nuestras vidas. Esta información se manifiesta de múltiples maneras: desde la más física -como el color de los ojos- que se encuentra codificada en la parte más estática de nuestro ADN, hasta la repetición de ciertas vivencias o patrones de conducta, que nosotros llamamos programas y que pueden condicionar y limitar nuestras vidas de formas insospechadas por la persona. Esa otra información, esos programas, también se hallan codificados en la parte dinámica de nuestro ADN, como explicaré después al referirme a la epigenética conductual. También se heredan programas positivos pero estos no son motivo de consulta lógicamente.

 

Un aspecto fundamental a tener en cuenta al abordar nuestro árbol es la finalidad de esas repeticiones o por qué un drama familiar no resuelto por una o varias personas del clan durante sus vidas, ha de pasar a sus descendientes – con frecuencia algún nieto – en forma de problemas de relaciones, económicos o una enfermedad. Para entender esto yo imagino al árbol como un ente vivo, con sus propias inclinaciones y, sobre todo, buscando siempre la supervivencia o el desarrollarse lo más sano posible, seguir creciendo. De aquí que se repitan estos dramas que no se pudieron solucionar en su momento o incluso se callaron, los famosos secretos familiares, a la espera de que algún miembro del clan mediante una comprensión profunda y una toma de conciencia venga a liberar a sus ancestros pero, sobre todo, a sí mismo y a sus descendientes.

Explicar cómo funciona una dinámica transgeneracional, los conceptos, los distintos “síndromes” o formas de entender cómo se manifiesta y qué busca el inconsciente familiar al expresarse en nuestras vidas da para escribir diversos libros. Aquí me centraré en exponer brevemente la visión cuántica de la lectura del árbol que es la aportación de Enric Corbera y la Bioneuroemoción a este campo.

Una mente cuántica es la que entiende que todo lo que pasa en su vida lo está atrayendo, que todo lo que observa está hablando de uno mismo. No ve la separación entre personas o situaciones, todo está íntimamente relacionado. La física cuántica nos demuestra que todo está unido a través de lo que se llama el campo o la matriz. Para una mentalidad holística “el otro no existe”, lo que quiere decir que tu relación con el otro está hablando de ti mismo. Es el “efecto espejo” o la proyección que hacemos en los demás de nuestros propios miedos, problemas y también nuestras virtudes.

“Toda la información de tu árbol se encuentra dentro de ti.”

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Dennis Gabor recibió el nobel de física en el año 1971 por su descubrimiento del holograma que viene a decir que “El todo contiene la información de cada una  de sus partes y que, a su vez, cada una de estas partes contiene la información del todo”. Esto se vio reflejado en un experimento en el que mediante un juego de láseres reflejándose por último en la partícula más pequeña de una pantalla holográfica, ésta mostraba una imagen tridimensional completa de la imagen de la pantalla. La prueba está en nuestro propio organismo. Una sola célula de nuestro cuerpo posee toda la información necesaria para clonar otro cuerpo exactamente idéntico. En tu inconsciente se guarda toda la información del clan, aunque sólo se manifieste una parte. Esto es algo que comprobamos mediante la hipnosis y gracias a la cual podemos recuperar información que la persona no recuerda conscientemente porque era muy pequeña, apenas acababa de nacer o porque el recuerdo es de la vivencia de un antepasado. De esta forma constatamos en el transgeneracional el concepto del holograma.

Como decía antes una mente cuántica sabe que todo está relacionado, todo está unido por medio de la matriz. Además en el momento que interactúas con otra persona intercambias tu información con ella. Quedáis entrelazados. El físico danés Niels Bohr descubrió que dos partículas subatómicas, electrones o fotones,  cuando entran en contacto siguen influenciándose mutua e instantáneamente a través de cualquier distancia y para siempre. Se llama entrelazamiento cuántico. Esta una de las características principales de la mecánica cuántica, el efecto de la no localidad. Más adelante, Rosenbaum y Ghosh, demostraron que este comportamiento se daba también en partículas más grandes como las moléculas (que surgen de combinar diversos átomos). ¿Y de qué estamos hechos nosotros? De partículas: átomos, moléculas. Se hizo un experimento en la Universidad Hebrea de Jerusalén en el que se demostró que se puede transportar información al pasado. Lo interesante ha sido comprobar que el entrelazamiento funciona también a través del tiempo. No es necesario que las partículas existan a la vez, que compartan el mismo momento. Se puede entrelazar una partícula en el presente con otra que existió en el pasado. Esto es lo que aplicamos en consulta cuando “viajamos” al pasado de la persona por medio de su inconsciente para cambiar la información allí almacenada por otra nueva. Ese cambio de información lo hacemos mediante la emoción.

Por otro lado, la rama de la ciencia llamada epigenética conductual sostiene que las experiencias traumáticas pasadas de las personas, o de sus antepasados recientes, no desaparecen sino que se adhieren a ellas, bajo la forma de un residuo molecular, un radical metilo, que se aferra al ADN  y actúa de interruptor del gen. Es decir, que los aspectos psicológicos y del comportamiento de una persona pueden ser legados a sus descendientes. Neurobiólogos y genetistas llevan investigando desde los años 80 en la Universidad de McGill en Canadá. Primero demostraron este funcionamiento en diversos experimentos con ratas y ya en los últimos quince años han publicado diversos estudios que demuestran este comportamiento también en personas. Demostraron, por ejemplo, en un estudio con cerebros muertos de suicidas el exceso de este radical metilo en su ADN y, si estos habían sido abusados de niños, la metilación era aún mayor. Otro estudio mostraba además como esa metilación era siempre mayor en los niños criados en un orfanato ruso que los criados por sus padres biológicos. Esto viene a dar la base teórico-física de lo que hace décadas se viene comprobando con al análisis del árbol. Esa metilación del ADN vendría a ser el almacén orgánico donde se guardan esas vivencias traumáticas que heredamos de nuestros antepasados. Y, como no podía ser de otra manera, semejantes descubrimientos han llamado la atención de las grandes farmacéuticas que llevan años intentando elaborar fármacos para borrar esa información. ¿Usted tomaría un fármaco que borrase una información concreta de un antepasado suyo? La respuesta es clara para mí. No. Lo que estas compañías, en su afán por generar ingresos, obvian es que precisamente el heredar esta información tiene la finalidad de aprender. Como decía antes, se trata de hacer un acto de conciencia que libere a la persona y a sus descendientes. Si hay borrado no hay toma de conciencia y no hay aprendizaje ni evolución. Y quién sabe si esa información acabaría mutando de cualquier otra forma y heredándose igualmente. Estoy convencido que la naturaleza busca siempre la manera de expresarse, no podemos borrar la información sin que haya una consecuencia o una mutación de ésta.

Aquí he intentado resumir muy brevemente esta nueva manera de leer y acercarse al estudio del árbol genealógico y algunos, no todos, de los últimos descubrimientos científicos más relevantes de los últimos años. Me dejo en el tintero al biólogo Rupert Sheldrake con su teoría de los campos morfogenéticos y la resonancia mórfica, al también biólogo Dr. Bruce H. Lipton y alguno más.

Todas estas investigaciones solamente vienen a dar una base teórica a algo ya demostrado empíricamente por multitud de profesionales en las últimas décadas del siglo pasado y los inicios de este. Y ya sabemos que el concepto de que algo sea científico asciende automáticamente al cajón de las propuestas razonables por la gran mayoría de personas que de otra forma seguiría considerando esta investigación de la psique humana como algo cuando menos desdeñable.

Por último me gustaría cerrar este artículo haciendo hincapié en algo que resultará obvio a muchos lectores pero que aun así quisiera remarcar. El transgeneracional, así como la Bioneuroemoción en su conjunto, es una herramienta increíblemente poderosa y muy completa para encontrar respuestas a muchas de las situaciones que vivimos y no alcanzamos a comprender, pero tampoco es la panacea. Siempre habrá situaciones cuyo origen puede estar en otros lugares y se haga necesario ampliar aún más la mirada. La clave es seguir aprendiendo. Esto está en constante evolución. Como la vida misma.

Fuente: http://bit.ly/2dDkJJs  //  Autor Pablo Merino

 

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