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Francisco Varela: Neurofenomenología, enfoque enactivo de la cognición.

Francisco Varela: Neurofenomenología, enfoque enactivo de la cognición, mentes sin yo y el elusivo fenómeno de la conciencia.

El presente artículo se propone dar cuenta del elusivo fenómeno de la conciencia desde la original perspectiva de la neurofenomenología de Francisco Varela.

1.- Neuroplasticidad, constructivismo y el elusivo fenómeno de la conciencia.

Francisco Varela, a partir de nociones tales como neuroplasticidad, enacción y emergencia, explica como ocurren los procesos cerebrales que fundan la conciencia y la “unidad” de la vivencia. Describiendo como la conciencia aparece en el vivir encarnado: en la regulación con el cuerpo entero; en sus relaciones sensorio-motoras con el mundo y en una red ínter-subjetiva de acciones y de lenguaje.

Varela propicia y establece novedosos diálogos entre la neurolingüística, los fenómenos recursivos, las lógicas paraconsistentes y las teorías del caos con las tradiciones milenarias de Oriente, tales como el Budismo, que explora la mente a través de sus técnicas de meditación e introspección; prácticas que experimentan hoy una gran difusión en Occidente, particularmente a través del del Budismo y el Zen que conducen el alma a nuevos estados mentales de iluminación, perplejidad y creatividad.

Uno de los más importantes avances en ciencia en los últimos años es la convicción de que no podemos tener nada que se asemeje a una mente o a una capacidad mental sin que esté totalmente encarnada o inscrita corporalmente, envuelta en el mundo. Surge como una evidencia inmediata, inextricablemente ligada a un cuerpo que es activo, que se mueve y que interactúa con el mundo. Para explicar el fenómeno de la cognición Varela acuñará la palabra “enacción” para conceptualizar dos ideas relacionadas. Primero, describir la característica autónoma de un organismo, esto es, la capacidad intrínseca de generar y mantener su propia identidad somática y, por tanto, definir sus propios dominios cognitivos. Y, segundo, especificar que dichas estructuras cognitivas emergen del acoplamiento recurrente entre el cuerpo, el sistema nervioso y el ambiente del organismo. En este sentido, la aproximación enactiva se enmarca más naturalmente dentro de las aproximaciones dinámicas de la cognición, las cuales no asumen a priori una relación predeterminada y única entre los componentes de entrada del sistema y los que componen su dinámica interna. Esto diferencia radicalmente a la enacción de otras aproximaciones al estudio de la conciencia tales como la computacionalista o la conexionista. En síntesis, la aproximación enactiva enfatiza que el organismo define su propio “punto de vista” del mundo en la dinámica encarnada de su operación, y no a través de reglas estáticas que definan tales operaciones (conexionismo), ni a la capacidad de extraer y procesar información simbólica abstracta del ambiente.

Es así como Varela se inserta en una particular tradición (irracionalista – vitalista) según la cual la razón no es el núcleo último o la más profunda esencia humana, sino más bien, un accidente del querer (emoción) que demanda para sí aquel punto, de donde se sigue que emoción es ya intrínsecamente cognitiva. Una vez modificada la perspectiva, y se deje de considerar que la razón es el principio central de la mente, entonces se podrá apreciar la emergencia de la mente a medida que ocurre. Como señala Sloterdijk respecto del fenómeno de la conciencia y el conocimiento, así como de la capacidad funcional y operativa de la mente humana:

“Los cerebros son medios de lo que otros cerebros hacen y han hecho. Un cerebro es en actividad con otras inteligencias, de modo que no es sujeto, sino medio y círculo de resonancias. A diferencia de la inteligencia alfabética, capaz de distancia, la inteligencia prealfabética está remitida a un denso clima de participación; inmersa en comunicaciones de proximidad, necesita para su despliegue la experiencia de una mutualidad y comunión actual de cerebros y nervios”.

2.- La inmediatez del mundo: Acciones corporeizadas, micro-mundos y microidentidades.

Remitiéndose a las ciencias cognitivas Varela da cuenta de una cierta inmediatez que tenemos con el mundo, y cómo desarrollamos una serie de habilidades para relacionarnos con él. No es posible separar los procesos sensoriales y motores, la percepción y la acción, de la cognición –enfoque enactivo de la cognición-. La percepción no es una simple recuperación de un mundo predefinido, sino que es la acción guiada perceptualmente en un mundo que es inseparable de nuestras capacidades sensomotoras, así la cognición “no está constituida por representaciones, sino por acciones corporeizadas” –micromundos y microidentidades-. La confrontación inmediata con el mundo se convierte en el trabajo más complicado, pues es el aspecto que ha tardado mucho más tiempo en desarrollarse. No se trata de negar la importancia de la deliberación y el análisis, sino de relevar la importancia de esos dos modos cognitivos, y tener en cuenta que la mayor parte de nuestra vida activa pertenece a la confrontación inmediata que es estable, transparente y basada en nuestra historia personal.

3.- Ética, acción y sabiduría: Del saber-qué al saber-cómo o la naturaleza del saber–hacer ético.

Para clarificar la cuestión: “¿Cuál es el mejor modo de comprender el saber–hacer ético?”, Varela parte de una determinada concepción de ética como objeto de reflexión, la de que “la ética está más próxima a la sabiduría que a la razón”. Argumenta que “es en la percepción inmediata donde está la clave para una comprensión más amplia del comportamiento ético y no en la percepción mediada, aquella derivada de la reflexión o de los varios razonamientos lógicos”, y concluye que la mayor parte del saber–hacer ético emerge del confrontación directa con la realidad, por lo tanto, a lo largo de la reflexión que produce mediación. Si esa no es la opinión de la mayoría de las personas, se debe al carácter abstracto dominante en el conocimiento occidental que condicionaría la comprensión de ellas.

Con dicho referente, Varela nos introduce en la problemática ética, “¿Cómo se puede aplicar al estudio de la ética y a la noción de habilidad ética la distinción entre comportamientos espontáneos y enjuiciamientos abstractos, entre las filosofías morales del hacer y las del ser?”. Varela encuentra que en el pensamiento oriental no hay un olvido de la confrontación ética inmediata como eje central, es posible entender que adquirimos un comportamiento ético de la misma manera que cualquier otro tipo de comportamiento.

El comportamiento ético es examinado -comúnmente- desde un punto de vista pragmático. Se considera que existen unas capacidades basales, las que fomentadas sin obstáculos generan las cualidades que se persiguen. El comportamiento ético no surge de hábitos, o la obediencia a reglas establecidas, los hombres sabios (individuos expertos en bien hacer) actúan a partir de inclinaciones extendidas, lo que trasciende las limitaciones del repertorio de respuestas cotidianas.

Existen múltiples tendencias en la ética contemporánea. Varela postula que la ética es una habilidad, y con esto quiere decir que se trata de una conducta espontánea, no regida por reglas: una persona sabe cuál es la acción adecuada en circunstancias determinadas y actúa en consonancia.

Según la teoría de la enacción, el conocimiento es conocimiento de lo concreto, de la manera en que funciona el sentido común, que es el trasfondo cognitivo de donde emergen nuestras acciones en la resolución de problemas cotidianos. El conocimiento es acción, más precisamente, es la emergencia de acciones adecua-das en contextos concretos y específicos.

Debemos buscar los fundamentos de la ética no en las concepciones morales reduccionistas, voluntaristas, ni en una racionalidad de fuente iluminista. No se trata solo de argumentar teóricamente sino de resituar a la ética como práctica, como práctica del bien.

Varela desarrolló estas vinculaciones en varios lugares pero especialmente en el texto que recoge una serie de conferencias dictadas en la universidad de Bolonia en 1991 bajo el título Ética y acción.

El planteo inicial de esta obra es que la ética se aproxima más a la sabiduría que a la razón. Sabiduría es comprendida aquí en el sentido en que la utilizan las tradiciones de Sabiduría oriental (Hinduismo, Taoísmo, Confucianismo y Budismo) y no como se le entiende habitualmente.

Si bien existen múltiples diferencias entre estas Tradiciones, una de sus convergencias es la que el autor aprovecha y que puede ser presentada de la siguiente manera: la consideración de la ética como práctica y no solo como asunto de clarificación conceptual sobre las prácticas. De este modo, la ética se aproxima más al conocimiento de lo que es ser bueno que a un juicio concreto en una situación dada.

En occidente, el foco de atención de la ética contemporánea se ha desplazado desde los temas metaéticos a un debate mucho más concreto entre los que exigen una moral crítica independiente (Habermas y Rawls entre otros) y los que quieren fundar la ética en compromisos activos desde una percepción que identifica lo bueno.

Al contrario de lo que sucede en el mundo anglosajón, en las Tradiciones de sabiduría, la persona sabia (o virtuosa) es aquella que sabe lo que es bueno y que espontáneamente lo realiza. La moral es vivida y no solo pensada, es decir, suscita reflexiones sobre cómo actuar.

Todos tenemos respuestas inmediatas ante acontecimientos que nos atañen y nos conmueven (Reacciones ante un accidente en la calle, ante el malhumor de la secretaria en la oficina, en la cola del supermercado o en una charla). Son respuestas incorporadas del comportamiento y no resultado de reflexiones o procesos mediatos

De acuerdo con la fundamentación biológica del núcleo de la solidaridad, el carácter emocional de las disposiciones dinámicas corporales de los primitivos, especifican el dominio de acciones en el que los organismos se mueven en el plano de la solidaridad primaria. Las emociones se confunden en este plano tanto con las acciones como con las categorizaciones. Es la emoción la que define cuándo un gesto dado es una agresión o una caricia. De ahí la importancia subrayada de las aportaciones de acuerdo a Maturana y Varela, para quien los organismos humanos se hallan siempre en una dinámica emocional, en un fluir de un dominio de acciones a otro en la historia de sus interacciones recurrentes.

Teniendo estos datos presentes, digamos que existe actualmente un doble camino para la investigación ética y el que se dedique a hacerlo, deberá decidirse por una u otra de las siguientes posturas:

  1. Una postura comienza investigando el contenido intencional y se centra en la racionalidad de los juicios morales. Es la tendencia ética mayoritaria.
  2. Otra postura –en la que se incluye Varela– investiga la inmediatez de las reacciones. Esa inmediatez supone también, concomitantemente, el saber qué es bueno. No un saber que procura la reflexión sobre la bondad de los actos sino un saber que descansa en la sabiduría. Es esta posición la que formula la siguiente pregunta a la especulación ética:

¿Por qué centrar el problema en la vinculación “comportamiento ético-juicio”?

No es el caso, señalan desde la postura 2) porque lo que existe como respuesta, en la generalidad de las situaciones, es una respuesta inmediata (o acción inmediata).

Solo decimos que hicimos lo que hicimos porque la situación nos movió a hacerlo.

No obstante, en la postura 1) a las acciones las contrastamos con la situación (que llamamos “más humana”, “más racional”) en que se tiene la experiencia de un “yo” agente deliberante que procesa una acción nacida de la voluntad. Solo así (se dice) sentimos que los actos son “nuestros”..

Ese “yo” agente, de origen moderno (Descartes) es criticado actualmente como centro de decisión, dado que se cuestiona su existencia como sustancia independiente y separada y como sujeto que establece un lugar privilegiado de observación y constitución del mundo, ubicado en un plano trascendental.

Esa diferencia en el posicionamiento ético, que procura comprender en profundidad los comportamientos humanos, se puede expresar con equivalencia de éste modo:

  • Saber-qué (know what) intencional, basado en el juicio racional.
  • Saber-cómo (know how) de acción espontánea.

El saber-qué corresponde a la importante tradición de la ética de corte racionalista que ha marcado buena parte de la modernidad en filosofía. Es más, subrayando su impronta, las tendencias y corrientes contractualistas actuales la suscriben y hasta la subrayan, procurando encontrar sólidos argumentos en el juicio moral, para lo que es fundamental el discurso racional basado en cadenas de argumentaciones.

El saber-cómo, en cambio, refiere al movernos en el mundo y al comprender, que no es distinto de nuestra actividad sensorio-motriz. Asimismo tiene en cuenta el mundo, que se integra a una con el sujeto de la acción: El mundo no es algo que nos haya sido entregado; es algo que emerge a partir de cómo nos movemos, tocamos, respiramos y comemos. Está plenamente comprometido con lo que somos. Emerge en un círculo autopoiético con nosotros. De manera que no sucede que el yo y el mundo se encuentren separados. Emergen en una dependencia mutua, en una co-dependencia.

4.- Saber–hacer o saber–hacer ético espontáneo. Lecciones italianas.

En el desarrollo de su argumentación, Varela critica la idea de que son imprescindibles conceptos y categorías para la aprehensión de lo real, está en contra de la noción de conocimiento como representación, aunque aproximada, de la realidad, de la propia noción de la realidad dada al exterior del sujeto, y del sujeto como una entidad cognitiva dotada de intencionalidad, cuya misión es representar la realidad para sí. En los términos de esa reflexión, la filosofía occidental es casi totalmente replicada. En consecuencia, no sería exagerado decir que esa misma filosofía es desafiada a reconstruirse, empezando por debruzarse, una vez más, sobre aquella que tal vez sea la cuestión nunca resuelta y de cuya respuesta dependen todas las demás: ¿Qué es la realidad?

Más que soluciones, ¿qué caminos apunta Varela para la avalancha de cuestiones que su reflexión presenta para la filosofía? El autor recorre caminos originales. En el recorrido quedan configurados un nuevo paradigma de conocimiento y su respuesta a la segunda cuestión que aparece en el inicio de las “Lecciones Italianas”: “¿Cómo ese saber–hacer (o saber–hacer ético espontáneo, no mediado) se desarrolla y progresa en los seres humanos?”.

Varela planteaba que además de los métodos tradicionales para estudiar la experiencia de manera externa, en tercera persona (como las máquinas cerebrales MEG o los electroencefalogramas), era necesario incorporar el punto de vista en primera persona para dar verdadera cuenta de la experiencia vivida. En ese esfuerzo, tradiciones milenarias como el budismo podían aportar su know how [saber hacer] en el estudio de la mente, a través de técnicas de meditación e introspección que se han desarrollado durante siglos, además de un amplia batería de conceptos para describir un sin fin de emociones y estados mentales.

Espera la segunda parte el día de mañana.

Fuente: http://bit.ly/2qderCB

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