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Patología Mamaria.

En noviembre del 2002, volví a hacerme una mastografía. Bajo el gran asombro de mi médico y de mi radiólogo, todo había desaparecido. Hasta creyó que se había equivocado de imágenes cuando las analizo y tuvo que constatar fechas no estaban cambiadas. Le doy las gracias de todo corazón, y continúe escribiendo para otras personas enfermas.

Querido doctor: quisiera saltarle al cuello y besarle. Fíjese que en junio del 2001, me detectaron un nódulo en el seno izquierdo y yo soy diestra biológica, como usted dice. Hace ya tiempo que tenía un montón de mastosis. Mi médico me aconsejo que me operara pero me daba muy mala espina. Una amiga me dio su libro y me aconsejo leer atentamente la historia de la señora Lavie, que fue a su consulta después de su operación para comprender como su cerebro había programado su cáncer de mama. Creo que le haría lo mismo, pero sola, para empezar. La biopsia indico que se trataba de un nódulo benigno. Quise saber cómo había podido llenar mi jarra psicosomática y pensé mucho en mi vida y en los acontecimientos más importantes con los que me he encontrado. Lo que usted dice es asombrosamente real, al menos para mí, porque en ningún momento he dudado de la concordancia entre todo el líquido conflictivo que he vertido en esta jarra y todo lo he visto. No he establecido relación alguna hasta que he tomado conciencia y he tenido conocimiento de esto gracias a la lectura de su libro. Revisando los acontecimientos de mi vida, se ha hecho evidente. Toda mi historia gira alrededor de una actividad conflictiva donde el nido figura en primer plano.

Yo no he tenido hijos, pero he leído que se podía tener un hijo simbólico en nuestra cabeza. He encontrado dos: mi negocio y mi sobrino, el hijo de mi hermana mayor, del cual soy la madrina.

He detectado el conflicto desencadenante y numerosos conflictos programadores, entre los cuales los principales son:

Conflicto desencadenante: durante el primer trimestre del 2001, yo tenía 56 años, adquirí un nuevo negocio, aunque ya tuviese otros tres. Para ahorrar, me encargue de todo: el yeso, la pintura, los arreglos, la decoración, las compras y la publicidad. Me agote durante más de tres meses ya que al mismo tiempo supervisaba los otros negocios. En un momento dado, me arrepentí de haberme metido en ese lio, así que lo vendí rápidamente. El invariable biológico tiene que ver con una separación en el nido. Es exactamente lo que sentí cuando lo vendí. Podría hablar del cómo se habla de un hijo: lo limpie, lo vestí lo mime con todo mi “amor comercial” y mi conciencia profesional, como una madre que se ocupa de su hijo para después separarse de él.

Conflictos programadores: cuando divido mi edad entre dos, el resultado son mis 28 años, época en la que pude comprar mi primer negocio y que monte por completo, de la A a la Z, tal como hice en 2001.

Cuando divido mis 28 otra vez entre 2, el resultado son mis 14 años. Mis padres, agricultores, decidieron ponerme en un internado a más de cincuenta kilómetros de mi casa: otra separación en el nido.

¡Cuando divido otra vez por dos, llego a los 7 años! Mis padres ponen a mi cargo a mi abuela durante tres meses, ya que mi estaba muy enferma y no podía ocuparse muy bien no de mi hermana ni de mi = separación en el nido familiar.

Cuando divido mi edad entre 3, el resultado son mis 18 y medio y mis 37 años; mis 18 años y medio corresponden a mi partida de casa para ir a trabajar como vendedora en un negocio = separación en el nido familiar.

A mis 37 años, ocurre el episodio más conmovedor de toda mi vida: el suicidio de mi sobrino. Fue un choque para todo el mundo, incluso si ya sabíamos que no se sentía bien. Mi hermana y yo no pensamos nunca que pudiera poner fin a sus días. ¡Otra separación en el nido!

Usted habla de evidenciar para abrirse camino hacia la toma de conciencia. Para mí, analizando mi historia de esta manera, la evidencia se impuso sola. En noviembre del 2002, volví a hacerme una mastografía. Bajo el gran asombro de mi médico y de mi radiólogo, todo había desaparecido. Hasta creyó que se había equivocado de imágenes cuando las analizo y tuvo que constatar fechas no estaban cambiadas. Le doy las gracias de todo corazón, y continúe escribiendo para otras personas enfermas.

Pues bien, tuve el privilegio de ser besado por esta mujer. La conocí en una conferencia que di en Marsella. ¡Me salto al cuello sin darme tiempo a decir ni pio! Es en estos momentos que se revela todo el interés preventivo psicosomático, conociendo todos los pormenores psíquicos de una patología mamaria. 



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