De pronto, un buen día los ventanales por los que entra la luz a nuestras vidas se cierran, sumiéndonos en la penumbra y en la oscuridad dejándonos a merced de nuestros miedos, presos de toda clase de temores e incertidumbres que se alimentan de nuestra inseguridad y desconcierto hasta hacernos olvidar cómo era la vida antes de sentir ese acecho.

La ansiedad  es precisamente la anticipación involuntaria de temores, daños o desgracias que aún no han tenido lugar y que quizá nunca sucedan, es la otra cara de la depresión y ambas son distintas manifestaciones de la misma enfermedad: pensamientos y creencias negativas que nos llevan a proyectar la mente en el futuro (ansiedad) o en el pasado (depresión), lo que obviamente no nos permite vivir y afrontar adecuadamente el momento presente.

La ansiedad es una situación emocional que irrumpe en nuestras vidas cuando sentimos un peligro (real o imaginario), es un sentimiento de inquietud profundo que altera la normalidad de nuestras capacidades cognitivas. Se trata de un código de supervivencia porque es una adaptación para que podamos reaccionar ante una situación de emergencia; sin la ansiedad actuaríamos de manera inconsciente ante peligros que pondrían en riesgo nuestra supervivencia.

Realmente, la ansiedad es una señal de alerta, el aviso de un peligro que acecha y por tanto, permite a la persona prepararse para enfrentar la situación de amenaza, esto no tiene nada de extraño; la ansiedad es un estado emocional y constituye una respuesta habitual a diferentes situaciones estresantes. Desde este punto de vista, un determinado grado de ansiedad es positivo porque nos ayuda a gestionar el día a día de nuestra vida cotidiana ante estímulos reales o potenciales.

Cuando percibimos o imaginamos una situación de peligro potencial, el sistema simpático se dispara y toma el control de nuestro cuerpo para enfrentar ese peligro, dichas reacciones pueden ser de lucha, huída o parálisis. Sin embargo, todo cambia cuando esa ansiedad rebasa la capacidad adaptativa de la persona, convirtiéndose en patológica.

Las personas que sufren ansiedad patológica sienten angustia y miedo; desean huir a pesar de no poder identificar nítidamente ni el peligro ni los motivos de ese anhelo de huida y el problema se agrava cuando esta reacción que denominamos ansiedad patológica es muy intensa, como en los ataques de pánico (situaciones en las que la persona no puede controlar su ansiedad) o cuando esa reacción aguda se convierte en hábito, es decir, crónica o muy frecuente.

Para que aparezcan los trastornos de ansiedad deben existir diversos factores, principalmente biológicos, ambientales y psico-sociales.

Factores biológicos como alteraciones en los sistemas neurobiológicos, anomalías estructurales en el sistema límbico, ciertas alteraciones físicas, cierta predisposición genética, consumo de alcohol, drogas y sedantes.

Factores ambientales como ciertos estresores ambientales y una mayor hipersensibilidad.

Factores psicosociales como las situaciones de estrés, ambiente familiar emocionalmente tóxico y preocupaciones excesivos.

En el fondo, la ansiedad manifiesta una falta de confianza hacia la vida, falta de confianza que deviene en temor sin un motivo real que sume a la persona en la angustiosa espera de un peligro impreciso e improbable; esta espera dolorosa bloquea a la persona y la impide vivir, sentir y disfrutar el momento presente, obsesionándose con lo que pueda ocurrir, imaginando toda clase de potenciales peligros y reveses, observando cualquier circunstancia o señal que pueda confirmar sus sospechas.

La Descodificación Biológica de la ansiedad nos lleva necesariamente a profundizar en las situaciones y circunstancias de las que surge, la ansiedad manifiesta la existencia de una emoción profunda -normalmente heredada- que debemos localizar para llevarla a la conciencia –hacerla consciente– y aprender a manejarla. Averiguar y comprender las circunstancias en las que se programó el conflicto y las que lo activan en nosotros resulta esencial para neutralizar la ansiedad y evitar que se convierta en algo más grave.

Y sólo reviviendo en detalle las circunstancias en las que nació el conflicto que se esconde tras la ansiedad y la situación y el sentido por el que éste se manifiesta en nosotros será factible descodificarlo de manera efectiva, encontrar el “para qué”, tomar conciencia y desaprender; es decir, cambiar las creencias asociadas a esos miedos y temores para liberarnos y desactivar el conflicto tanto en nosotros mismos como en nuestros descendientes.

MEMORIA EMOCIONAL

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