Biodescodificación-Abundancia

Biodescodificación-Abundancia

Cuando hablamos de prosperidad no nos referimos solo al dinero. La prosperidad es,  tiempo para disfrutar y gozar de lo que hacemos, la comodidad en nuestra vida, la salud, la belleza, las relaciones, y por supuesto al dinero. La prosperidad hace también referencia a un estado de ánimo.

Prosperidad no es solo tener dinero

El amor es poderoso y contiene todo aquello que podemos desear soñar y, sin duda mucho más. La prosperidad es, por ejemplo: tiempo para disfrutar y gozar de lo que hacemos, la comodidad en nuestra vida, la salud, la belleza, las relaciones, y por supuesto al dinero. La prosperidad hace también referencia a un estado de ánimo.

Trata de pensar por un momento en el lugar donde te encuentras en este momento: en tu ciudad, en tu país, en tu continente, en el planeta tierra, en nuestra galaxia la Vía Láctea, en nuestro Universo… ¡Somos tan pequeñitos! Trata de imaginarte por un momento la infinita abundancia que existe, en la cantidad de planetas, estrellas, asteroides… que existen, o en la cantidad de gotitas de agua que hay en el mar, el Universo es infinito y es una provisión inagotable.

Nuestra vida, es decir, la totalidad de las posibilidades (capacidades) a nuestra disposición, está más que dispuesta a materializar nuestros deseos de prosperidad y a ofrecérnosla. El carburante de la propia vida es la felicidad, y por ello, siempre está dispuesta a hacer lo necesario para que seamos sus generadores, sus creadores. Ella se convierte en lo que nosotros sentimos y experimentamos.

La dificultad se halla en que no siempre aceptamos esta realidad y por consecuencia su abundancia. En algún rinconcito creemos no merecerla; nos creemos indignos de aquello que en realidad hemos venido a vivenciar, igual que nos creemos indignos de la Esencia que lo ha Creado Todo.

Hemos crecido con una o varias de estas creencias. Las hemos interiorizado como nuestras: no hay suficiente para todos, los ricos son todos unos ladrones, hay que ahorrar por si luego no hubiese o se acabase, el dinero se acaba, se gasta, tener mucho es “pecado”, hay que trabajar muy duro para vivir…

Tomemos como ejemplo la última de estas creencias: hay que trabajar muy duro para vivir. Está grabada en el interior de casi todos nosotros. Hay personas que aunque atraen con mucha facilidad la abundancia a sus vidas se sienten culpables. No creen haber trabajado lo suficiente o haberse esforzado bastante. No se lo merecen.

De este modo aunque atraen fácilmente grandes cantidades de dinero se deshacen rápidamente de él: lo pierden, lo gastan inútilmente, les surgen imprevistos… otros, por el contrario, pasan muchas horas trabajando para darse la sensación de merecer su sueldo.

¿Cuántas horas al día les quedan para disfrutar de ellos mismos?

¡Aceptemos la abundancia y la prosperidad en nuestras vidas!

¡Atrevámonos a ser felices!

¡Me merezco todo lo bueno, me libero de las limitaciones y creencias impuestas por la sociedad y por mi pasado. Soy libre y disfruto de la totalidad de las posibilidades!

Aquí dejamos unos pasos que pueden ayudaros a aceptar esta abundancia de vida:

  • Alégrate de la prosperidad ajena, criticar la forma en que otros administran sus ingresos equivale a decirle al Universo: a mi no me gusta gastar ni tener mucho.
  • Elimina los límites a tus ingresos, no te limites a unos ingresos fijos. Nunca sabes de dónde puede provenir una fuente nueva de ingresos.
  • Identifica en ti las falsas creencias que causan tus carencias. La mayoría de nosotros hemos crecido con estas creencias.
  • Agradece lo que ya tienes, aunque no te guste del todo y desees algo mejor.
  • Aprende a recibir, agradece de corazón lo que los demás te ofrecen, los piropos…
  • Permítete aceptar la abundancia en tu Vida
  • Deja marchar lo viejo, dejando así espacio para acoger lo nuevo.
 
Fuente: http://bit.ly/2rUtjpY

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BIODESCODIFICACIÓN – GASTRITIS

BIODESCODIFICACIÓN – GASTRITIS

Aunque parezca mentira, al momento de ingerir alimentos, creemos que lo único que estamos comiendo es lo que está en nuestro plato y no es así. Estamos ingiriendo nuestras prisas, nuestro estrés, nuestra angustia, nuestras tristezas, nuestras alegrías, nuestras decepciones, nuestros planes para mañana y lo que hicimos hace 30 minutos

¿Qué es?:

La Gastritis es la inflamación de la mucosa gástrica, que se muestra enrojecida, lo que demuestra que se ha presentado una irritación o hemorragias subepiteliales, Puede presentarse en sólo una parte del estómago o en toda la bolsa gástrica. Son varias sus causas que pueden dar origen a la gastritis, entre ellas, los malos hábitos alimenticios, el estrés, el abuso de medicamentos o desórdenes de autoinmunidad.

La gastritis aguda puede ser provocada por la ingesta continua de anti inflamatorios, alergias alimentarias, abuso de alcohol, sustancias corrosivas o tratamientos de radioterapia.

El síntoma más común de la gastritis, es el dolor y la sensación de ardor.

También puede producirla la presencia de la bacteria Helicobacter Pilori, que favorece la aparición de úlceras gastroduodenales y los cánceres gástricos.

La gastritis crónica puede manifestarse con dolor, aunque a menudo no da síntomas.

¿Qué conflicto emocional estoy viviendo?:

Vayamos pues al origen de cualquier problema gástrico, porque como ya sabemos en Biodescodificación, nada externo puede enfermarnos.

Comencemos entonces por analizar la función del estómago, y ésta se resume a: “digerir”.
No hay más, no existe más.

Sabemos también, porque lo hemos repetido hasta el cansancio, que el subconsciente humano no sabe diferenciar entre lo real y lo imaginario, por lo tanto y en el caso de la gastritis, no debo revisar mi comida sino que debo analizar qué emoción no he sido capaz de digerir.

Y claro que deberá ser una emoción que yo ingiero constantemente, porque ya me ha irritado el estómago, ya me ha provocado sangrados y si no reviso mi vida a tiempo, puede ocasionarme una úlcera gástrica y hasta un cáncer. Dependerá de mí y de los cambios que yo haga en mi vida.

Es una creencia ampliamente utilizada, el creer que los alimentos que ingerimos son lo que provoca la gastritis. Comer grasa, picante, comer mal, etc. Y no es así.
Lo que determinará mi capacidad para tolerar o no tolerar alimentos, serán SIEMPRE, mis emociones.

Obviamente si yo estoy convencido de que el picante me hace mal al estómago, el picante hará mal a mi estómago, así que debo comenzar por revisar lo que “yo creo” de los alimentos.

Una vez descartadas mis falsas creencias con respecto a cierto tipo de alimentos, de la lista de posibles causas de mi gastritis, es hora de buscar las emociones que tengo atrapadas y que me están haciendo daño.

Otras creencias, que son tomadas como válidas para la presencia de gastritis:

– No comer a “mis horas”.

– Comer “de pie”.

– Comer mal y desbalanceado.

– Comer en la calle.

Comer alimentos sucios.

Y la solución a éstas creencias, es nuevamente, revisarlas. Porque seguramente lo que me molesta, no es que yo “coma a deshoras”, sino que yo no cuento con el tiempo suficiente para poder disfrutar de mis deliciosos alimentos en el tiempo suficiente.

Si en un día normal de trabajo, yo contara con 3 horas completas para “mi hora de comida”, para poder ir a comer a un lugar pacífico, tranquilo, delicioso, limpio, en donde pudiera platicar con mis amigos de temas divertidos y amenos, yo no tendría gastritis.

Porque la gastritis, no es el alimento que comes, sino todo lo que “ingieres”

emocionalmente a la vez que ingieres alimentos:

– Las prisas por salir corriendo a comer.

– El encontrar algo que se adapte a tu presupuesto, que te guste y que te atiendan rápido.

– Que no te caiga pesado para poder seguir trabajando toda la tarde.

– La posición en la que comes, el lugar, los olores, la gente alrededor.

– Los ruidos en la calle.

– La plática con los compañeros, o la soledad si nadie te acompañó.

Justo esto, es lo que “no digieres”.

No digieres comer con prisas, no digieres ir a comer sólo, no digieres platicar de trabajo en la hora de comida, no digieres que sean lentos al atenderte, no digieres quedarte encerrado en los vestidores de la oficina a comer tu ensalada en ese molde de plástico, no digieres seguir atendiendo asuntos de trabajo mientras comes, no digieres comer “nervioso”, porque más tarde hay más trabajo todavía, etc.

Y lo mismo, si no llevas un horario laboral y siempre estás en tu casa. Revisa con quién comes, de qué platican mientras comes, ¿comes estresado?, ¿comes con prisa?, ¿qué escuchas al comer?

Muchas personas no están conscientes de todo aquello que rodea sus “comidas” (alimentos) y se conforman con revisar los alimentos para determinar lo que les hace daño.

Revisa, desde hoy, TODO lo que comes a la hora de desayunar, comer o cenar:

* COMPAÑÍA

¿Estoy acompañado?

¿Me siento a gusto con la compañía?

¿Estoy sólo y lo disfruto?

¿Estoy sólo y no me gusta comer sólo?

* TEMA DE CONVERSACIÓN

¿Estoy platicando de un tema agradable?

¿Estoy discutiendo asuntos de trabajo?

¿Estoy platicando de temas tristes o angustiantes?

¿Estoy en silencio y me gustaría platicar con alguien?

* TIEMPO

¿Me siento cómodo con el lapso de tiempo con el que cuento para comer?

¿Me preocupa el hecho de comer con prisa?

¿Me estresa el comer corriendo?

¿Me molesta no tener más minutos para comer en paz?

*SONIDOS

¿Estoy consciente del ruido a mi alrededor a la hora de comer?

¿Escucho gritos, gente molesta, coches, la televisión, la radio?

¿Escucho bromas y comentarios agradables al comer?

¿Escucho niños peleando y gritando o llorando?

*LUGAR

¿Estoy comiendo en un lugar tranquilo y agradable?

¿Estoy comiendo de pie, en un lugar sucio?

¿Estoy comiendo en mi auto mientras estoy atascado en el tráfico?

¿Estoy comiendo en un lugar oscuro, sin ventilación?

Y es que aunque parezca mentira, al momento de ingerir alimentos, creemos que lo único que estamos comiendo es lo que está en nuestro plato y no es así. Estamos ingiriendo nuestras prisas, nuestro estrés, nuestra angustia, nuestras tristezas, nuestras alegrías, nuestras decepciones, nuestros planes para mañana y lo que hicimos hace 30 minutos.

Por lo tanto, la clave básica, para terminar con la gastritis, es revisar TODO mi territorio, todo lo que me rodea al ingerir alimentos, todo lo que vivo día con día y que no “digiero”.

Porque algo es seguro: Para que yo ya tenga gastritis, es que eso que he estado comiendo, ya tiene por lo menos 2 semanas de estar ocurriendo y “no lo digiero”.

 

 

 

Fuente: 
https://url2.cl/w1U5f

 

 

 

BIODESCODIFICACIÓN – GASTRITIS

CODEPENDENCIA-CONSECUENCIAS EMOCIONALES

Las relaciones familiares o de pareja pueden volverse tóxicas si no estableces límites claros que protejan tu bienestar emocional. La codependencia surge cuando asumes los problemas de otro y te preocupas más por él que por ti

 

La codependencia es un conjunto de emociones y actitudes que conducen al individuo que la sufre (codependiente) a involucrarse en los problemas de otra persona a la que se vincula afectivamente (hijo, pareja, amigo, familiar, compañero…), preocupándose en exceso por el bienestar de ésta, y olvidándose de sí mismo y de sus propias necesidades. Es por ello que el codependiente parece estar siempre vinculado a personas con dificultades a quienes él cree poder ayudar llegando a hacerse cargo, al menos emocionalmente, de sus problemas.

A pesar de que aparentemente este hecho podría parecer una conducta altruista sin más, en realidad no lo es. Al cuidar del otro, el codependiente hace que éste le necesite pudiendo de esta manera ejercer un control indirecto sobre la otra persona, ya que en algunos casos, el codependiente puede llegar a chantajear emocionalmente a su protegido, retirándole la ayuda que le estaba dando si la conducta de éste no se ajusta a lo que él considera que debería ser. Sin embargo, cuando el otro no responde a sus generosos gestos de ayuda, o no lo hace como el codependiente desea, este último experimenta unas grandes dosis de frustración y emociones negativas (por ejemplo, angustia, tristeza, sensación de vacío) pudiendo incluso llegar a sufrir problemas emocionales como trastornos de ansiedad o depresión.

Como es un persona Codependiente

La codependencia puede darse en cualquier ámbito de relación afectiva de la persona que padece esta condición, aunque lo más frecuente es que aparezca en la relación de pareja o con los hijos, padres, o hermanos. Por lo general, la persona codependiente no sabe poner límites en la relación con el otro (no sabe dónde acaban los intereses del otro y donde empiezan los suyos), asumiendo a veces fuertes niveles de soledad y de frustración ya que, en algunas ocasiones, son víctimas de chantaje emocional de la persona de la que codependen.

Su perfil suele caracterizarse por:

  • Bajos niveles de autoestima
  • Elevada necesidad por sentirse aceptado (necesitan sentirse excesivamente queridas o valoradas)
  • Altamente sensibles a la crítica del otro
  • Dependientes afectivamente
  • Con temor a ser abandonadas
  • Su fuerza reside en la fortaleza frente a los que ayudan (se sienten seguros cuando están al lado de personas que ellos creen más débiles y que, por lo tanto, las necesitan)
  • Tendencia a la autoculpa e inseguridad

Consecuencias de la Codependencia

Si te preguntas qué consecuencias trae consigo la codependencia la respuesta es clara y concisa: nada bueno para nadie. No sólo es el codependiente el que puede verse afectado por este tipo de relación, sino que la otra persona también puede salir muy perjudicada, ya que dependiendo de su fortaleza puede acabar siendo víctima del chantaje emocional del codependiente que le presiona mediante un “te retiro lo que te doy”, a lo que se le une que mientras el codependiente le resuelve sus problemas, él no desarrolla habilidad alguna de afrontarlos. Pero si alguien puede verse realmente afectado por este tipo de relación enfermiza es el codependiente. Las consecuencias que sufrirá son emocionales, sociales y físicas:

  • Consecuencias emocionales: ansiedad, frustración, y tristeza cuando el otro no hace lo que él cree que tiene que hacer. Soledad y desvalorización cuando el otro no acepta su ayuda. Estas reacciones emocionales pueden dar lugar a graves problemas psicológicos, que pueden a su vez ser causa y consecuencia de la codependencia, como es el caso de la baja autoestima, los trastornos de ansiedad, depresiones, etcétera.
  • Consecuencias sociales: el codependiente depende de la otra persona como si ésta fuera una droga y, como tal, ocupa gran parte de su vida dedicándose a cubrir todas sus necesidades y preocupándose por él. Es por ello, que a veces el codependiente se aísla socialmente de otras personas, o su comportamiento interfiere en el trabajo o en otros proyectos personales porque no les dedica suficiente tiempo.
  • Consecuencias físicas: la intensidad emocional que sufre el codependiente conlleva una importante activación psicofisiológica, que puede dar lugar a una elevada sensación de cansancio o fatiga, problemas para dormir, dolores de cabeza o musculares, hipertensión arterial y problemas digestivos, entre otros. 

Cómo liberarse de la codependencia

Por la elevada implicación afectiva que hay entre los miembros de la familia o pareja, no es de extrañar que en el seno de las mismas sea donde pueden aparecer los casos más peligrosos o extremos de codependencia. Un claro ejemplo de ello son los madres y padres que se sienten responsables y se hacen cargo de las malas decisiones de hijos de casi 20 años que no hacen nada provechoso en su vida y no dejan de meterse en líos; o las parejas que dejan de realizar actividades que antes les resultaban gratificantes, o de relacionarse con sus amigos y familiares, y asumen las limitaciones o miedos del otro para de esta manera protegerle; por no hablar de aquellos familiares de personas con adicciones o patologías psiquiátricas (alcoholismo, ludopatía, demencias…) que asumen los cambios que tienen que hacer en su vida en beneficio del otro verbalizando frases como “parece que él depende de mí, pero realmente yo soy quien dependo de él”.

La codependencia en la familia o en la pareja es una de las situaciones más duras y difíciles para salir de esta dinámica, ya que el sentimiento de culpabilidad que le acarrea al codependiente el hecho de ‘dejar al otro abandonado’ es uno de los principales obstáculos para superarla. La codependencia es una situación que puede resultar tan nociva para el codependiente como para el objeto de sus desvelos.

  • Comienza reflexionando acerca de qué te parece la relación que tienes con el otro; sé sincero y haz un balance entre lo que das y lo que recibes. Escríbelo en dos listas para que te resulte más sencillo analizarlo.
  • Enfréntate a tus propios sentimientos: qué te parece lo que te involucras en la vida del otro, por qué lo haces, qué consecuencias tiene, qué pasaría si el otro no acepta tu ayuda…
  • Es posible que tu codependencia tape algún aspecto de tu vida que no funcione y no quieras afrontar, o te sirva para intentar evitar un miedo (por ejemplo un sentimiento de fracaso personal si mi hijo no tiene un buen trabajo). Si es así, debes plantearte solucionar el problema subyacente en vez de esquivarlo manteniendo una actitud que no te hará feliz ni a ti, ni a la persona a la que cuidas.
  • Dedícate tiempo para ti: ¿has pensado qué haces para ti a lo largo de la semana? Si tu única actividad gratificante es cuidar de otro algo no va bien.
  • Busca actividades y hobbies que te agraden y motiven, rodéate de gente y cultiva las relaciones sociales; en definitiva: vive tu propia vida.
  • Deja a un lado el sentimiento de culpa; quererte a ti mismo no significa que no quieras a otro. Existe un derecho personal que dice que “tenemos derecho a hacer menos de lo que está en nuestra mano”. Aplícatelo y recuerda que para cuidar a otro… debes empezar por quererte y cuidarte a ti mismo.
  • Si no te sientes capaz de salir de la situación en la que te has metido, busca ayuda profesional.

 

Nada tiene ningún poder sobre mí, a no ser el que yo mismo le concedo mediante mis pensamientos conscientes.
ANTHONY ROBBINS
FUENTE:
https://bit.ly/38jqq8E

BIODESCODIFICACIÓN – GASTRITIS

ANSIEDAD: ANTICIPACIÓN DE MIEDOS Y PELIGROS

 La ansiedad es una situación emocional que irrumpe en nuestras vidas cuando sentimos un peligro (real o imaginario). Es un sentimiento de inquietud profundo que altera la normalidad de nuestras capacidades cognitivas.

 

¿Qué es la Ansiedad?

Se trata de un código de supervivencia porque es una adaptación para que podamos reaccionar ante una situación de emergencia. Sin la ansiedad actuaríamos de manera inconsciente ante peligros que pondrían en riesgo nuestra supervivencia.

Realmente, la ansiedad es una señal de alerta, el aviso de un peligro que acecha. Por tanto, permite a la persona prepararse para enfrentar la situación de amenaza. Esto no tiene nada de extraño; la ansiedad es un estado emocional y constituye una respuesta habitual a diferentes situaciones estresantes. Desde este punto de vista, un determinado grado de ansiedad es positivo porque nos ayuda a gestionar el día a día de nuestra vida cotidiana ante estímulos reales o potenciales.

Cuando percibimos o imaginamos una situación de peligro potencial, el sistema simpático se dispara y toma el control de nuestro cuerpo para enfrentar ese peligro. Esas reacciones pueden ser de lucha, huída o parálisis. Sin embargo, todo cambia cuando esa ansiedad rebasa la capacidad adaptativa de la persona, convirtiéndose en patológica.

En las sociedades modernas, la ansiedad patológica se ha convertido en una enfermedad muy frecuente con repercusiones muy desagradables para quienes la sufren. Los trastornos de ansiedad más comunes son las fobias, el trastorno obsesivo-compulsivo, el trastorno de pánico, la agorafobia, el trastorno por estrés postraumático, el trastorno de ansiedad generalizada y el miedo escénico que surge normalmente al tener que hablar en público o por el solo hecho de imaginarlo – anticiparlo.

Hablamos de ansiedad patológica cuando el estímulo adaptativo supera la capacidad de respuesta del organismo, dando lugar a una respuesta intensa y desproporcionada que limita y condiciona el funcionamiento cotidiano.

Sintomas Fisicos y Psicológicos

Físicos:

Vegetativos:

  • sudoración
  • sequedad bucal
  • mareos e inestabilidad.

Neuromusculares:

  • temblores
  • tensión muscular
  • cefaleas y parestesias.

Cardiovasculares:

  • palpitaciones
  • taquicardias y dolor precordial.

Respiratorios:

  • disnea.

Digestivos:

  • náuseas
  • vómitos
  • dispepsia
  • diarrea
  • estreñimiento
  • aerofagia
  • meteorismo.

Genitourinarios:

  • micción frecuente
  • problemas de la esfera sexual.

Piscológicos y conductuales:

  • Aprensión y preocupación.
  • Sensación de agobio.
  • Miedo a perder el control y a volverse loco
  • Sensación de muerte inminente.
  • Dificultad de concentración y sensación de pérdida de memoria.
  • Inquietud, irritabilidad y desasosiego.
  • Inhibición o bloqueo psicomotor.
  • Obsesiones o compulsiones.

Las personas que sufren ansiedad patológica sienten angustia y miedo; desean huir a pesar de no poder identificar nítidamente ni el peligro ni los motivos de ese anhelo de huida. La ansiedad patológica no es tanto la manifestación de diversos problemas a los que se enfrenta la persona en su vida cotidiana como la idealización que de esos problemas y situaciones hace la persona. El problema se agrava cuando esta reacción que denominamos ansiedad patológica es muy intensa, como en los ataques de pánico (situaciones en las que la persona no puede controlar su ansiedad) o cuando esa reacción aguda se convierte en hábito, es decir, crónica o muy frecuente.

En el fondo, la ansiedad manifiesta una falta de confianza hacia la vida, falta de confianza que deviene en temor sin un motivo real que sume a la persona en la angustiosa espera de un peligro impreciso e improbable. Esta espera dolorosa bloquea a la persona y la impide vivir, sentir y disfrutar el momento presente, obsesionándose con lo que pueda ocurrir, imaginando toda clase de potenciales peligros y reveses, observando cualquier circunstancia o señal que pueda confirmar sus sospechas.

La imaginación entraña peligros. Bien manejada, nos permite generar situaciones y escenarios para afrontar conflictos; pero en una persona con ansiedad la imaginación suele llevarle a los peores finales posibles. La ansiedad esconde, por tanto, una profunda desvalorización e impotencia que nos lleva a creer que no somos capaces de afrontar y gestionar con éxito las situaciones.

Resulta crucial tomar conciencia de que cuando hay ansiedad realmente es la imaginación la que toma el control, impidiéndonos disfrutar del presente, dando paso a miedos y peligros posibles, pero improbables. Hay que aprender a confiar más en nosotros mismos, en nuestras capacidades, en nuestras cualidades, en nuestra intuición, sin sentir la presión de tener que demostrar y demostrarnos nada. El intento de control sólo produce más descontrol. Si tratamos de controlar los miedos y temores que provoca la ansiedad sólo lograremos reforzarlos, alimentarlos; provocando, a su vez, miedos y temores más profundos.

Descodificación Biológica

La Descodificación Biológica de la ansiedad nos lleva necesariamente a profundizar en las situaciones y circunstancias de las que surge. Habitualmente, los conflictos emocionales inconscientes que dan lugar a la ansiedad tienen un origen transgeneracional o en la etapa del Proyecto Sentido. Receptores de programas inconscientes legados por nuestros antepasados o por nuestros padres, nacemos predispuestos o diseñados para repetir lo que ellos sufrieron, sus miedos, sus temores. La exposición, incluso décadas después, a circunstancias emocionales similares a las que ellos afrontaron hará que probablemente somaticemos dichos conflictos. Por eso, es determinante tomar conciencia del origen real del programa inconsciente que desata la ansiedad, pues ésta es en realidad el aviso de que albergamos en nuestro inconsciente un conflicto emocional activo y latente.

La ansiedad manifiesta la existencia de una emoción profunda -normalmente heredada- que debemos localizar para llevarla a la conciencia -hacerla consciente- y aprender a manejarla. Averiguar y comprender las circunstancias en las que se programó el conflicto y las que lo activan en nosotros resulta esencial para neutralizar la ansiedad y evitar que se convierta en algo más grave. Sólo reviviendo en detalle las circunstancias en las que nació el conflicto que se esconde tras la ansiedad y la situación y el sentido por el que éste se manifiesta en nosotros será factible descodificarlo de manera efectiva, encontrar el «para qué», tomar conciencia y desaprender; es decir, cambiar las creencias asociadas a esos miedos y temores para liberarnos y desactivar el conflicto tanto en nosotros mismos como en nuestros descendientes.

FUENTE: https://bit.ly/2VfDXsN

BIODESCODIFICACIÓN – GASTRITIS

LOS PROCESOS DE DUELO-PÉRDIDAS

El ser humano necesita de los vínculos para crecer y desarrollarse. Cuando algunos de esos vínculos se rompen, surge un periodo de gran intensidad emocional al que llamamos duelo.

 

Si la pérdida es radical y definitiva, como en el caso de la muerte, todas las dimensiones de la persona se ven afectadas (dimensión física, emocional, cognitiva, conductual, social y espiritual) de tal manera que la persona se puede llegar a sentir incapaz de superarlo y/o desarrollar un duelo patológico que requerirá la intervención profesional para su recuperación.

Son muchos los factores que intervienen en el tipo de duelo, como circunstancias de la muerte, relación con el fallecido, personalidad y el contexto sociofamiliar.

Para el completo restablecimiento de una pérdida, el duelo atravesará una serie de etapas o fases.

Deberá realizar cuatro tareas fundamentales: 

  1. Aceptar la realidad de la pérdida. 
  2. Expresar las emociones y el dolor. 
  3. Adaptarse a un medio en el que el ser querido está ausente. 
  4. Recolocar emocionalmente al fallecido y continuar viviendo.

Desde el propio nacimiento, como la primera dolorosa separación, la vida de cada uno de nosotros es un continuo de pérdidas y separaciones, hasta la última y probablemente más temida, que es la de la propia muerte y la de nuestros seres queridos.

Todas las pequeñas o grandes separaciones que vamos viviendo, no solamente nos recuerdan la provisionalidad de todo vínculo, sino que nos van preparando para el gran y definitivo adiós.

Cada pérdida acarreará un duelo, y la intensidad del duelo no dependerá de la naturaleza del objeto perdido, sino del valor que se le atribuye, es decir, de la inversión afectiva invertida en la pérdida. Considerar la muerte de una persona querida como un tipo de pérdida, más que verla como algo único y totalmente diferente, nos va a permitir integrarla en un modelo más amplio de las reacciones humanas.

Podemos, considerar que el duelo es producido por cualquier tipo de pérdida, y no sólo es aplicable a la muerte de una persona. Por lo tanto el proceso de duelo se realiza siempre que tiene lugar una pérdida significativa, siempre que se pierde algo que tiene valor, real o simbólico, consciente o no para quien lo pierde.

Tipos de pérdidas

1.Pérdida de la vida

Es un tipo de pérdida total, ya sea de otra persona o de la propia vida en casos de enfermedades terminales en el que la persona se enfrenta a su final.

2.Pérdidas de aspectos de sí mismo

Son pérdidas que tienen que ver con la salud. Aquí pueden aparecer tanto pérdidas físicas, referidas a partes de nuestro cuerpo, incluidas las capacidades sensoriales, cognitivas, motoras, como psicológicas, por ejemplo la autoestima, o valores, ideales, ilusiones, etc.

3.Pérdidas de objetos externos

Aquí aparecen pérdidas que no tienen que ver directamente con la persona propiamente dicha, y se trata de pérdidas materiales. Incluimos en este tipo de pérdidas al trabajo, la situación económica, pertenencias y objetos.

4.Pérdidas emocionales

Como pueden ser rupturas con la pareja o amistades.

5.Pérdidas ligadas con el desarrollo

Nos referimos a pérdidas relacionadas al propio ciclo vital normal, como puede ser el paso por las distintas etapas o edades, infancia, adolescencia, juventud, menopausia, vejez, etc. 

 

¿Qué es el duelo?

El duelo es esa experiencia de dolor, lástima, aflicción o resentimiento que se manifiesta de diferentes maneras, con ocasión de la pérdida de algo o de alguien con valor significativo. Por lo tanto podemos afirmar que el duelo es un proceso normal, una experiencia humana por la que pasa toda persona que sufre la pérdida de un ser querido. Así es que no se trata de ningún suceso patológico. Incluso hay quien sostiene que el duelo por la pérdida de un ser querido es un indicador de amor hacia la persona fallecida. No hay amor sin duelo por la pérdida.

Fases del Proceso de Duelo

1.Fase de aturdimiento o etapa de shock

Es como un sentimiento de incredulidad; hay un gran desconcierto. La persona puede funcionar como si nada hubiera sucedido. Otros, en cambio, se paralizan y permanecen inmóviles e inaccesibles. En esta fase se experimenta sobre todo pena y dolor. El shock es un mecanismo protector, da a las personas tiempo y oportunidad de abordar la información recibida, es una especie de evitación de la realidad.

2.Fase de anhelo y búsqueda

Marcada por la urgencia de encontrar, recobrar y reunirse con la persona difunta, en la medida en que se va tomando conciencia de la pérdida, se va produciendo la asimilación de la nueva situación. La persona puede aparecer inquieta e irritable. Esa agresividad a veces se puede volver hacia uno mismo en forma de autorreproches, pérdida de la seguridad y autoestima.

3.Fase de desorganización y desesperación

En este periodo que atraviesa el deudo son marcados los sentimientos depresivos y la falta de ilusión por la vida. El deudo va tomando conciencia de que el ser querido no volverá. Se experimenta una tristeza profunda, que puede ir acompañada de accesos de llanto incontrolado. La persona se siente vacía y con una gran soledad. Se experimenta apatía, tristeza y desinterés.

4.Fase de reorganización

Se van adaptando nuevos patrones de vida sin el fallecido, y se van poniendo en funcionamiento todos los recursos de la persona. El deudo comienza a establecer nuevos vínculos.

El conocer las manifestaciones y las fases del duelo tienen una utilidad práctica, si entendemos que las fases son un esquema orientativo y no rígido, que nos puede guiar a la hora de saber en qué situación se encuentra la persona en su proceso de duelo.

Vivencias de la persona en duelo

En general en todos los duelos existirán muchas características comunes, puesto que parten de una información básica heredada y en íntima relación con nuestra supervivencia. Sin embargo, la experiencia, el aprendizaje, la personalidad, y otra serie de factores externos, como pueden ser otros vínculos, moldearan de forma individual la respuesta de duelo en cada individuo.

Las emociones son parte del legado genético de nuestra especie, que permanecen en nuestras células. Y aunque somos un todo interdependiente, podemos distinguir distintas dimensiones de nuestro ser que se verán afectadas de diferente manera ante la experiencia de duelo.

Dimensión física

Se refiere a las molestias físicas que pueden aparecer a la persona en duelo. Sequedad de boca, dolor o sensación de “vacío” en el estómago, alteraciones del hábito intestinal, opresión en el pecho, opresión en la garganta, hipersensibilidad a los ruidos, disnea, palpitaciones, falta de energía, tensión muscular, inquietud, alteraciones del sueño, pérdida del apetito, pérdida de peso, mareos. Algunas investigaciones han demostrado que las situaciones de estrés están íntimamente relacionadas con la inmunodepresión y, por tanto, el organismo humano es más vulnerable a enfermar. Y obviamente la muerte de un ser querido es una de las experiencias más estresantes.

Dimensión emocional

Aquí señalamos los sentimientos que el deudo percibe en su interior. Los estados de ánimo pueden variar y manifestarse con distintas intensidades. Los más habituales son: sentimientos de tristeza, enfado, rabia, culpa, miedo, ansiedad, soledad, desamparo e impotencia, añoranza y anhelo, cansancio existencial, desesperanza, abatimiento, alivio y liberación, sensación de abandono, amargura y sentimiento de venganza.

Dimensión cognitiva

Se refiere a lo mental. Dificultad para concentrarse, confusión, embotamiento mental, falta de interés por las cosas, ideas repetitivas, generalmente relacionadas con el difunto, sensaciones de presencia, olvidos frecuentes.

Dimensión conductual

Se refiere a cambios que se perciben en la forma de comportarse con respecto al patrón previo. Aislamiento social, hiperactividad o inactividad, conductas de búsqueda, llanto, aumento del consumo de tabaco, alcohol, psicofármacos u otras drogas.

Dimensión social

Resentimiento hacia los demás, aislamiento social.

Dimensión espiritual

Se replantean las propias creencias y la idea de trascendencia. Se formulan preguntas sobre el sentido de la muerte y de la vida.

Formas diferentes de duelo

La presencia o no de duelo patológico se va a caracterizar, fundamentalmente, por la intensidad y la duración de la reacción emocional. Por lo tanto, sí es posible señalar que hay un duelo “normal” y otro “patológico”, de acuerdo con la intensidad del mismo y su duración.

Parece que las personas que en su niñez más temprana no han sido estimuladas y apoyadas a ser personas individuales, con su identidad separada, posteriormente tienen dificultades para desprenderse, tienden a aferrarse, y por eso les resulta tan difícil elaborar el duelo.

Duelo anticipatorio

Es un tipo de duelo en el que el deudo ya ha empezado la elaboración del dolor de la pérdida sin que esta haya ocurrido todavía. Es una forma de anticipar la pérdida que irremediablemente ocurrirá en un corto periodo de tiempo. Este tipo de duelo es relativamente frecuente cuando el ser querido se encuentra en una situación de terminalidad, aunque no haya fallecido. Es una forma de adaptación a lo que va a llegar.

Duelo crónico

El deudo se queda como pegado en el dolor, pudiendo arrastrar durante años, unido muchas veces a un fuerte sentimiento de desesperación. La persona es incapaz de rehacer su vida, se muestra absorbida por constantes recuerdos y toda su vida gira en torno a la persona fallecida, considerando como una ofensa hacia el difunto restablecer cierta normalidad.

Duelo congelado o retardado

Se le conoce también como duelo inhibido o pospuesto. Se presenta en personas que, en las fases iniciales del duelo no dan signos de afectación o dolor por el fallecimiento de su ser querido. Se instaura en el deudo una especie de prolongación del embotamiento afectivo, con la dificultad para la expresión de emociones. En el duelo congelado, a los deudos les cuesta reaccionar a la pérdida.

Duelo enmascarado

La persona experimenta síntomas (somatizaciones) y conducta que le causan dificultades y sufrimiento, pero no las relaciona con la pérdida del ser querido.

En este tipo de duelo, el deudo acude frecuentemente a los médicos aquejados de diferentes disfunciones orgánicas, pero calla el hecho de su pérdida reciente, ya que no lo relaciona con ello.

Duelo exagerado

También llamado eufórico. Este tipo de duelo puede adquirir tres formas diferentes.

•Caracterizado por una intensa reacción de duelo. En este caso habrá que estar atentos a las manifestaciones culturales para no confundirlo con ellas.

•Negando la realidad de la muerte y manteniendo, por lo tanto, la sensación de que la persona muerta continua viva.

•Reconociendo que la persona sí falleció, pero con la certeza exagerada de que esto ocurrió para beneficio del deudo.

Duelo normal

Quizás deberíamos haber comenzado esta clasificación por este tipo de duelo, que es el más frecuente, y que se caracteriza por diferentes vivencias en todas las dimensiones de la persona.

•Aturdimiento y perplejidad ante la pérdida.

  • •Dolor y malestar.
  • •Sensación de debilidad.
  • •Pérdida de apetito, peso, sueño.
  • •Dificultad para concentrarse.
  • •Culpa, rabia.
  • •Momentos de negación.
  • •Ilusiones y alucinaciones con respecto al fallecido.
  • •Identificación con el fallecido.

 

Los duelos, por muy dolorosos y complicados que resulten, pueden ser oportunidades excepcionales para nuestro crecimiento personal y realización, siempre y cuando seamos capaces de afrontarlos y de integrar la correspondiente pérdida.

La persona sana es aquella que no intenta escapar del dolor, sino que sabiendo que ocurrirá intenta saberlo manejar.

 

FUENTE:
https://bit.ly/3dQMgSR
BIODESCODIFICACIÓN – GASTRITIS

VÍNCULO COMPLEJO – EMOCIONES Y ALIMENTACIÓN

Entre la alimentación y las emociones existe un vínculo complejo, tal es así que se denomina con frecuencia a nuestro intestino como nuestro segundo cerebro, pues todo lo que comemos puede tener su causa en las emociones y de igual manera, nuestra dieta puede condicionar nuestro estado anímico y emocional.

Muchas veces hemos dicho que comemos por placer. La comida no sólo tiene una función nutritiva sino que el acto de comer es placentero, desestresante y por ello, cuando nos sentimos cansados podemos ir en busca de comida, de hecho dormir poco está relacionado con la obesidad, pues la falta de sueño genera estrés y se incrementan en el organismo hormonas que elevan los deseos de ingerir alimentos.

De igual manera, cuando estamos ansiosos o con problemas emocionales, podemos ir en busca de comida para sentirnos mejor, y en realidad, hay alimentos que ayudan a calmar la ansiedad porque en su composición incluyen triptófano, un aminoácido que estimula la liberación de serotonina y nos relaja al mismo tiempo que nos vuelve más felices. Esos alimentos son por ejemplo el chocolate, el plátano, las nueces o el yogur.

Por supuesto, es normal que de vez en cuando nos relajemos y disfrutemos de un momento placentero como es comer un pastel de chocolate, pero la alimentación emocional debe ser controlada, pues no siempre podemos comer cuando estamos cansados, enojados, tristes o alegres, de lo contrario, culminaríamos con exceso de comida. No todo se soluciona comiendo.

Además, está comprobado que cuando comemos para calmar nuestras emociones escogemos más alimentos grasos, lo cual puede desencadenar un exceso de grasas en la dieta, desequilibrando la misma y causando enfermedades. Esto es así, porque nuestros antepasados pasaban mucho tiempo sin comer y en actividad, lo cual es una situación estresante, y su cuerpo fue adaptado genéticamente para que al momento de tener comida escogieran estratégicamente los nutrientes más concentrados en energía como son las grasas. Entonces, las grasas se asocian a una disminución del estrés en nuestro cerebro. Por ello, cuando estamos muy cansados quizá reduzca más el estrés un pastel con nata que una manzana.

Otra prueba de que las emociones afectan nuestra dieta es el hecho de que cuando estamos tristes muchas veces no nos cabe bocado o cuando comemos con nervios la comida nos cae mal. Y en casos extremos las emociones pueden afectar negativamente la digestión provocando un síndrome de intestino irritable que condiciona posteriormente la calidad de la dieta.

Algunas causas del comer emocional son:

  • Comer para llenar un vacío:

Las personas que se sienten solas pueden intentar salir de este estado llenando su interior de comida. Como no es el hambre sino el vacío interno lo que les produce comer, difícilmente se sacian. A veces, como ven que han comido de manera desenfrenada y/o en exceso, vomitan por vergüenza o culpa, o quizás para no engordar.

  • Comer por placer o amor:

El comer es una forma de vincular. Cuando somos pequeños, es uno de los momentos más íntimos y cercanos con nuestra madre, cuando somos adultos esto se convierte en cenas de amigos y familiares. El comer está asociado al placer, al vínculo y al amor. Comer puede ser una forma de buscar estas necesidades quizás insatisfechas o quizás pérdidas en la adolescencia o edad adulta.

  • Comer como castigo:

Las personas han hecho algo mal y quieren aplacar a su propio juez interno. Comer puede ser usado como castigo, especialmente en aquellas personas que valoran el autocuidado, la imagen externa o la delgadez.

  • Comer como protección o por miedo:

Si la persona siente miedo a crecer, a los cambios de su cuerpo, a la sexualidad o a atraer a los demás, o quizás si su cuerpo le genera conflicto con el entorno (familias que valoran la comida, personas que critican mucho el cuerpo), la persona puede comer para protegerse de la mirada de los otros.

  • Para calmar la tristeza:

Las personas tristes o deprimidas suelen buscar alimentos que produzcan placer, como el chocolate o los hidratos. La explicación es que estos productos pueden aumentar la serotonina, sustancia del cerebro que se encuentra en baja cantidad en los estados depresivos.

  • Comer para calmar la rabia y el estrés:

Cuando comemos, hacemos una actividad. Mordemos, desgarramos, al fin y al cabo, agredimos y controlamos. Esta puede ser una forma de controlar o atacar aquello que en nuestra vida cotidiana no podemos, o quizás sí, hecho aunque no de manera liberadora.

  • Comer para no sentir el mundo emocional:

Las emociones se sienten a nivel interno, corporal. Si comemos, nos abstraemos de ellas y obtenemos sensaciones diferentes.

  • Vomitar para controlar/sacar fuera lo no expresado:

Cuando hay algo que no podemos expresar, una forma de librarnos de ello (o mejor dicho, de tener una sensación momentánea de liberación), es el vomitar. Vomitar también puede ser usado como control después del descontrol de un atracón.

Equilibrio entre emociones y comida

Para que la alimentación no sea puramente emocional, es decir, para que la causa de nuestra ingesta no se encuentre siempre en las emociones sino que más bien nuestro consumo de alimentos se ajuste más al hambre real, debemos entender que la comida brinda placer y es un desestresante pero no soluciona nuestros problemas y sólo calma la ansiedad temporalmente.

Si estamos angustiados y buscamos comida, pensemos que no será la solución a esta emoción, sino que podemos recurrir a otras actividades placenteras que no impliquen el consumo de alimentos como son leer, escuchar música, caminar, hablar con un amigo, entre otras.

Si dejamos que ante cada emoción nuestro cuerpo ingrese comida, culminaremos con un exceso de calorías que puede desencadenar obesidad a largo plazo.

Pero si por el contrario reprimimos nuestros deseos de comer algo dulce de vez en cuando también estaremos alterando el equilibrio entre emociones y comida, pues cuando nos permitamos por fin comer un pastel no lo disfrutaremos y posteriormente a su ingesta sentiremos culpa por haberlo hecho, cuando es totalmente normal sentir placer por un poco de dulce.

Entonces, para establecer un equilibrio que no perjudique nuestra salud, debemos controlar la alimentación por emociones y al mismo tiempo, debemos permitirnos de vez en cuando comer por placer, disfrutando de una preparación sabrosa y cargada de emociones, pero si volvemos habitual este acto que vincula emociones y comida, podemos caer en un círculo perjudicial para el organismo.

Pequeño ejercicio para comer mejor

  • Fija tu atención en la respiración para conectar con tu tranquilidad.
  • Toma cualquier alimento: fruta, chocolate, etc.
  • Observa todas las características que tiene desde todos tus sentidos: ¿cómo se siente? ¿cuál es su tacto? ¿y su dureza? ¿el olor cómo es? ¿Y su sonido? ¿cómo es su color y forma? ¿sabor, textura, temperatura…?
  • Recuerda que no se trata de contestar las preguntas cognitivamente, mediante las palabras, sino de “sentir” las respuestas, percibirlas con tu cuerpo y no con tu cognición.

 

FUENTES: 
https://bit.ly/2B5Qfwp
https://bit.ly/2AgxcyY

 

 

BIODESCODIFICACIÓN – GASTRITIS

EL MIEDO Y LA RESISTENCIA AL CAMBIO

No hay nada peor que el miedo al cambio para que las oportunidades de crecimiento y aprendizaje pasen de largo. El cambio es parte fundamental de nuestras vidas y renunciar a él es renunciar a las oportunidades de desarrollo que se generan a través del mismo.

A todos, en general, nos gusta tener nuestra vida bajo control y sin excesivos sobresaltos. Los entornos y situaciones nuevas nos obligan a utilizar estrategias y modelos desconocidos y poco transitados dando paso a nuestros miedos e inseguridades. Son entornos en los que estamos obligados a adquirir nuevos aprendizajes y romper con hábitos muy arraigados y difíciles de transformar.

Todos sabemos que el cambio genera ansiedad y preocupación ya que nos saca de la más que conocida zona de confort y eso es algo que nos provoca malestar aunque sean cambios en positivo.

Salir de nuestra zona de confort y adentrarnos en la zona de aprendizaje requiere de tiempo, esfuerzo y coraje y no todos estamos dispuesto a ello. Pero es la única forma de avanzar en términos de crecimiento personal y mejora continua.

 

¿Porque rechazamos en cambio?

El cambio aunque sea en positivo genera malestar y ansiedad pero la principal causa del rechazo al cambio es el miedo. Lo normal es ver cualquier cambio como una amenaza a nuestro estado actual.

Transitar por la zona de confort nos da mayor seguridad porque estamos habituados a los entornos que se generan allí. Sabemos de ellos, los reconocemos y por lo tanto tenemos un patrón de comportamiento ya establecido que no nos obliga a replantearnos nuestros hábitos. Actuamos de manera mecánica y automatizada sin darnos cuenta que estos comportamientos nos ponen frenos a nuestra potencialidad. Sin cambio no hay crecimiento y sin crecimiento no hay mejora ni desarrollo.

Hay multitud de razones por las que rechazamos el cambio (cada uno tendrá las suyas) pero se observan unos patrones genéricos que nos afectan prácticamente a todos:

  • No reconocer el miedo al cambio:

Es el primer paso. Solemos decir que no cambiamos porque no queremos – “yo soy así” – pero es engañarnos a nosotros mismos. No reconocemos que queremos cambiar porque nos da miedo no saber el tipo de consecuencias que obtendremos de dicho cambio.

  • Miedo a perder lo que dejamos atrás:

Creemos que dar un paso adelante y cambiar es perder lo que tenemos y controlamos. Eso nunca lo perderemos. A medida que avanzamos lo que dejamos atrás se convierte en la mochila de experiencias y conocimientos que nos ayuda mientras vamos cambiando y evolucionando.

  • Miedo al error y al fracaso:

Todos tenemos miedo al error. La sociedad castiga duramente el error al igual que el fracaso en lugar de integrarlo como un paso necesario en nuestro desarrollo personal. El problema del error y del fracaso es no aprender de él y quedarnos estancados. Parafraseando a Beckett “fracasa, fracasa otra vez, fracasa mejor” y rápido diría yo.

  • Sentimiento de culpa y rechazo:

Creemos que cambiar nuestras conductas y hábitos puede afectar a los que nos rodean de una manera desconocida para ellos y nosotros mismos, provocando rechazo a esa nueva situación creada. Que te digan “ya no eres el mismo” es un arma perfecta para despertar la culpa.

  • Baja autoestima:

Tener una baja percepción de nuestra capacidad y valía hace que el rechazo al cambio sea más evidente en personas con un perfil bajo. Una baja auto-estima afectará a la manera de interactuar con el entorno y de relacionarse con los demás. La falta de confianza y el poco respeto por las capacidades propias hace que cambiar sea visto como algo inalcanzable – «mejor me quedo como estoy»

¿Como podemos asumir el cambio en una oportunidad?

Es importante que el cambio salga de nosotros mismos, que haya deseo de cambiar y que sea genuino.Pararnos a sentir lo que estamos sintiendo y darnos cuenta sería el primer paso. Asumir riesgos y renunciar conscientemente a estos beneficios que nos enganchan a comportamientos indeseados, son claves importantes para lanzarnos al cambio deseado. “Aunque nada cambie, si yo cambio, todo cambia.” Honoré de BalzacEl cambio se produce cuando uno se convierte en lo que es, no cuando trata de convertirse en lo que no es. El cambio lo realizamos cada uno de nosotros, si viene impuesto o forzado por otra persona (familiares, amigos, terapeutas…) no será un cambio auténtico, sino más bien algo impuesto por otra persona.  El cambio tiene lugar cuando invertimos tiempo y esfuerzo en ser lo que somos, entregándonos a nuestra situación actual. 

 

El cambio lo podemos potencializar de varias maneras: 

  • El poder del cambio está en uno mismo:

Nadie puede cambiar si realmente no quiere. El primer paso del cambio es ser consciente de querer cambiar. Cuando los cambios son impuestos es muy difícil hacerlos nuestros e interiorizarlos de manera firme.

  • Aceptar el cambio como un proceso natural:

El cambio es parte del proceso vital. Eso es innegable. Rechazar el cambio es como quejarnos de que el agua moja. No tiene sentido. Todo cambia constantemente. La evolución es cambio y transformación. La muerte metafórica es quietud y rechazo.

  • Evitar la connotación negativa del cambio:

Intentemos ver e interpretar el cambio como algo positivo. Nuestro cerebro está programado para negarse al cambio ya que le obliga a crear nuevos modelos y hábitos y eso supone un esfuerzo que no está dispuesto a hacer de manera inconsciente. Tenemos que obligarnos a generar nuevas conexiones a través de experiencias y situaciones novedosas.

  • Identificar y gestionar las emociones:

Muy importante ser consciente de las emociones que despiertan en nosotros los cambios. El gestionar correctamente las emociones como la ira y el miedo hará que nuestra capacidad de aprendizaje sea mayor y más rápida.

  • Resiliencia y flexibilidad:

La capacidad de superar situaciones adversas y ser flexibles para entender las consecuencias de nuestros actos es básica para una gestión y adaptación al cambio adecuada.

 

FUENTES:
https://bit.ly/3cPVyOv
https://bit.ly/2TodCro

 

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EL CUERPO EXPRESA LO QUE UNO CALLA

En ocasiones, las personas cargan sentimientos de culpa, frustraciones, resentimientos y demás emociones desagradables que surgen a través de los pensamientos que no controlan.

El cuerpo necesita exteriorizar y sacar lo que tiene dentro, y lo hace a través de síntomas o enfermedades. Es lo que llamamos SOMATIZACIÓN. Es un mecanismo de defensa en el que el cuerpo habla y expresa lo  que la mente no puede decir o verbalizar. Necesita hablar y expresar lo que siente, porque aunque un médico nos revise y nos medique hay padecimientos que se prolongan y en buena parte puede deberse a que hay que ir a la raíz de lo que está provocando el mal para poder erradicarlo.

Tenemos que aprender a escuchar qué es lo que nos quiere decir, para, desde ahí, ir a la situación que nos genera malestar sanarla y vivir sin hacernos tanto daño. Sería el primer nivel de la inteligencia emocional: la autoconciencia. ¿Qué me pasa? ¿Qué siento y cómo lo siente mi cuerpo? ¿Por qué?

De acuerdo a la parte del cuerpo donde se presenta el signo, habrá una explicación emocional para el mismo.

Es necesario construir la historia de vida con el paciente y revisar desde allí y desde la observación, cuáles son los bloqueos, para poder trabajarlos y desbloquearlos a través de la psicoterapia.

Si aprendemos a cuidarnos física y emocionalmente evitaremos la aparición de muchas alteración psicofisiológicas o las combatiremos con mayor efectividad en caso de que se nos presenten.

Se trata de un proceso de ADAPTACIÓN a nosotros mismos y al medio en el que nos desarrollamos.

¿Cómo relacionamos una dolencia emocional con una alteración física?

Estos son algunos de los órganos que  suelen verse afectados cuando no hemos solucionado emocionalmente algo que nos preocupa:

– HÍGADO:

Se le vincula con la ira, el enfado, y la agresividad.

– CORAZÓN E INTESTINO DELGADO:

Relacionado con la euforia, histeria, excitación, hipersensibilidad y nerviosismo.

– ESTÓMAGO, BAZO Y PÁNCREAS:

Se ven alterados por desequilibrios emocionales como la ansiedad, la duda, el escepticismo y los celos.

– PULMÓN E INTESTINO GRUESO.

Guardan relación con las dificultades para comunicarse cuando uno quiere imponer su palabra, el exceso de autoridad y el dominio sobre los demás.

– RIÑÓN Y VEJIGA.

Vinculados al miedo, la falta de autoestima, la timidez y la desesperanza

Como podemos ver EMOCIONES y ÓRGANOS van de la mano, por ello es tan importante hacerle caso a la expresión de las primeras para evitar disfunciones en los segundos.

EMOCIONES EXPRESADAS, EMOCIONES SUPERADAS.

 

 

FUENTES:
https://bit.ly/2zxNmUn
https://bit.ly/2zv266t