Biodescodificación- El Intestino: Nuestro segundo cerebro

Biodescodificación- El Intestino: Nuestro segundo cerebro

Todas nuestras emociones, sensaciones de bienestar se generan en nuestros intestinos, al que muchos llaman segundo cerebro.

El 90% de la serotonina, la hormona del bienestar, la producimos en el intestino.

¿Qué quiere decir que el intestino es un segundo cerebro?

Poseemos un verdadero cerebro dentro de nuestras entrañas, y su función neuronal es muy parecida a la actividad cerebral de la cabeza. El sistema digestivo posee una red extensa de neuronas, que se encuentra entre las dos capas musculares de sus paredes. La estructura de las neuronas digestivas es totalmente idéntica a la estructura de las neuronas cerebrales y tienen la capacidad de liberar los mismos neurotransmisores, hormonas y moléculas químicas. Me refiero al sistema nervioso entérico (SNE) o nuestro segundo cerebro. No es una metáfora; es un término oficial aceptado por la sociedad médica.

¿Cómo estimular el “cerebro intestinal” a nuestro favor?

El cerebro intestinal libera sus sustancias químicas como, por ejemplo, la serotonina (la famosa hormona de la felicidad y el bienestar) como respuesta a una alimentación y digestión sanas. Hay que saber que la serotonina no se produce sólo en el cerebro sino que, por el contrario, la mayor parte de ella (el 90%) se libera en el intestino. Si nosotros nos alimentamos bien, variado y con un aporte proporcional de todos los nutrientes; si tenemos unos hábitos sanos de comer (sin prisa, masticar bien y no distraernos) el sistema digestivo nos responde y nos lo agradece con una sensación de bienestar, dándonos un buen suministro de energía, vitalidad y optimismo.
Por otra parte, las neuronas digestivas también se estimulan con las técnicas de respiración abdominal, estiramientos, masajes suaves de la tripa, y con calor suave y relajante, aplicado a la zona del vientre.

¿En qué medida es importante una adecuada higiene abdominal, para que pueda hacer bien sus funciones?

Lo más importante es el equilibrio entre la entrada de los alimentos y todas las sustancias que tragamos y la descarga de todos los residuos y los productos secundarios de la propia función celular y bacteriana que tenemos que expulsar. Si estamos sobrealimentados o si consumimos demasiados alimentos dudosos respecto a su calidad nutritiva, de este modo fácilmente saturamos y trastornamos nuestra tubería interna. Si por alguna razón patológica o funcional la digestión y/o el tránsito intestinal es lento y no de forma completa, entonces formamos acúmulos de los residuos en nuestro interior y podemos llegar a una sobrecarga tóxica o la autointoxicación; esta última se manifiesta de múltiples formas, tiene diferentes caras y síntomas. Por supuesto, la limpieza es importante, practicar una depuración interior es una “garantía” para evitar elevar los riesgos del desarrollo de muchas enfermedades y una oportunidad para tu cuerpo para incrementar el rendimiento, la energía y tener un mayor aporte nutricional.

¿Cómo mantener una higiene intestinal de una forma natural, en nuestros hábitos de la vida cotidiana?

Con una correcta higiene digestiva: respetar las señales que nos manda el cuerpo, no suprimir las necesidades naturales de ir al baño ni tener prisa haciéndolo. Crear un ritual e intentar repetirlo todos los días, alrededor de las mismas horas, con calma y tiempo suficiente para poder vaciar bien el vientre y sentirse ligero y limpio por dentro. Insistir, repetir y seguir entrenando tu cuerpo para que responda a tu ritual y crear un firme reflejo condicionado. Además, recomiendo beber 2 litros de líquidos al día, ingerir por lo menos 400 g de verdura variada cada día, no olvidarnos de las legumbres (2-3 veces por semana, al menos 200 g en cada toma), consumir productos fermentados (kefir, chucrut), tres tomas de fruta al día, frutos secos variados, por lo menos 30 g al día. Y si no puedes cumplir con estas cantidades diarias recomendadas, quizás te conviene tomar unos suplementos naturales de fibra.
Conviene de vez en cuando (un día al mes o por semana) acelerar tu propio transito intestinal tomando mucho zumo de ciruelas, kiwis o kefir o/y suplementos de magnesio, y con eso te puedes asegurar una limpieza mas profunda.

¿Cómo comer?

Saboreando y apreciando el proceso; sin prisa, masticar, analizar los gustos y las texturas de los alimentos, no comer “mientras tanto” (mientras que hacemos esto o lo otro), no distraer nuestra atención con otras actividades simultáneas, como ver la tele o leer la prensa.

  ¿Cómo debería ser una actitud personal que beneficie el funcionamiento de los intestinos y el organismo en general?

Todos sabemos que el estrés, la ansiedad, la tensión emocional, afectan al sistema digestivo, mucha gente somatiza los problemas psicológicos y tiene molestias digestivas fuertes y variadas. Los pensamientos pueden provocar un atracón o un corte de la digestión y/o del apetito. Un sistema nervioso central que no se encuentra bajo la presión emocional ni el estrés crónico, y que recibe las adecuadas pausas y descansos, le propone una buena función al sistema digestivo. En mi libro Salud Pura describo varios rituales y técnicas que ayudan a sincronizar y equilibrar nuestros dos cerebros y beneficiarnos de sus funcionamientos y potenciales.

¿Cómo moverse? ¿Cómo debería ser una actividad física adecuada?

Con regularidad. Lo más que le gusta a nuestro cuerpo es la previsibilidad y la regularidad. Con una actividad física rítmica y repetitiva, el cuerpo te lo va a agradecer y te proporcionará un magnifico bienestar. No tienen tanto valor ni son saludables las actividades físicas esporádicas y bruscas como sí lo tienen un ejercicio regularizado e incorporado firmemente a tu rutina. Los movimientos y estiramientos, aunque sean muy sencillos y cortos en el tiempo (al principio, hasta que entras en la rutina y el gusto por ellos y les dediques más tiempo), si se realizan todos los días y a horas asignadas, te activarán todos los sistemas vitales y te asegurarán un bienestar a corto y largo plazo.

¿Cómo saber si nuestro sistema digestivo está en buena forma?

Hay que saber escucharlo: los síntomas como la acidez, el ardor, el reflujo, la pesadez, el hinchazón, el dolor, demasiados gases, la irregularidad del tránsito intestinal, nauseas, etc., son sus formas de expresarse, es el lenguaje digestivo, el aviso de que algo anda mal. Entonces hay que hacerle caso y observar con atención y paciencia tu sistema digestivo: por qué y cuándo te aparecen aquellas molestia (con qué tipo de comida o en qué situación) e intentar corregirlo. Lo que sucede frecuentemente es que la gente se acostumbra a vivir con hinchazón o diarreas (o todo lo contrario) o piensan que es algo normal o vergonzoso, o que su digestión es así de delicada, sin buscar las respuestas ni intentar corregir la calidad de su función digestiva.

¿Qué pueden significar los sonidos en el aparato digestivo?

Muchas cosas: normalmente son los gases y los líquidos que se mueven por el tubo digestivo gracias a los movimientos musculares viscerales. Podemos tener o acumular demasiados gases o/y restos residuales, o/y tener nuestra función muscular digestiva alterada. No es patológico, más bien funcional, pero si llegara a ser molesto y doloroso, en tal caso recomiendo observarte y anotarlo todo y después ir a ver a un especialista.

¿Cómo puede afectar un entorno excesivamente ácido en el sistema digestivo?

El cuerpo sano suele equilibrar y controlar el pH (que es el parámetro de la acidez) de sus tejidos y de su medio ambiente. La acidificación excesiva, en el estomago por ejemplo, puede ser causada por bacterias/infecciones, por procesos inflamatorios o por abuso de las comidas “acidificantes” como los hidratos de carbono y los dulces, por ejemplo, o las bebidas gaseosas. La acidificación del contenido del intestino grueso puede ser causada por un desequilibrio de la microflora intestinal, un sobrecrecimiento de las bacterias y/o hongos agresivos y por una mala alimentación. De nuevo, la clave está en la alimentación y en la propia observación.

¿Cómo equilibrarlo?

Descartar una posible infección o un proceso inflamatorio, que requieran tratamientos con especialistas. Rituales de depuración, batidos verdes, consumo adecuado de las verduras y las frutas, agua, suplementos minerales alcalinizantes y probióticos.

Autora: Irina Matveikova, Licenciada en Medicina, con especialidad en Endocrinología y Nutrición Clínica por la Universidad Estatal de Medicina de Minsk (Bielorrusia).

 

FUENTE:  Irina Matveikova, Licenciada en Medicina, con especialidad en Endocrinología y Nutrición Clínica por la Universidad Estatal de Medicina de Minsk (Bielorrusia).

 

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Biodescodificación-Abundancia

Biodescodificación-Abundancia

Cuando hablamos de prosperidad no nos referimos solo al dinero. La prosperidad es,  tiempo para disfrutar y gozar de lo que hacemos, la comodidad en nuestra vida, la salud, la belleza, las relaciones, y por supuesto al dinero. La prosperidad hace también referencia a un estado de ánimo.

Prosperidad no es solo tener dinero

El amor es poderoso y contiene todo aquello que podemos desear soñar y, sin duda mucho más. La prosperidad es, por ejemplo: tiempo para disfrutar y gozar de lo que hacemos, la comodidad en nuestra vida, la salud, la belleza, las relaciones, y por supuesto al dinero. La prosperidad hace también referencia a un estado de ánimo.

Trata de pensar por un momento en el lugar donde te encuentras en este momento: en tu ciudad, en tu país, en tu continente, en el planeta tierra, en nuestra galaxia la Vía Láctea, en nuestro Universo… ¡Somos tan pequeñitos! Trata de imaginarte por un momento la infinita abundancia que existe, en la cantidad de planetas, estrellas, asteroides… que existen, o en la cantidad de gotitas de agua que hay en el mar, el Universo es infinito y es una provisión inagotable.

Nuestra vida, es decir, la totalidad de las posibilidades (capacidades) a nuestra disposición, está más que dispuesta a materializar nuestros deseos de prosperidad y a ofrecérnosla. El carburante de la propia vida es la felicidad, y por ello, siempre está dispuesta a hacer lo necesario para que seamos sus generadores, sus creadores. Ella se convierte en lo que nosotros sentimos y experimentamos.

La dificultad se halla en que no siempre aceptamos esta realidad y por consecuencia su abundancia. En algún rinconcito creemos no merecerla; nos creemos indignos de aquello que en realidad hemos venido a vivenciar, igual que nos creemos indignos de la Esencia que lo ha Creado Todo.

Hemos crecido con una o varias de estas creencias. Las hemos interiorizado como nuestras: no hay suficiente para todos, los ricos son todos unos ladrones, hay que ahorrar por si luego no hubiese o se acabase, el dinero se acaba, se gasta, tener mucho es “pecado”, hay que trabajar muy duro para vivir…

Tomemos como ejemplo la última de estas creencias: hay que trabajar muy duro para vivir. Está grabada en el interior de casi todos nosotros. Hay personas que aunque atraen con mucha facilidad la abundancia a sus vidas se sienten culpables. No creen haber trabajado lo suficiente o haberse esforzado bastante. No se lo merecen.

De este modo aunque atraen fácilmente grandes cantidades de dinero se deshacen rápidamente de él: lo pierden, lo gastan inútilmente, les surgen imprevistos… otros, por el contrario, pasan muchas horas trabajando para darse la sensación de merecer su sueldo.

¿Cuántas horas al día les quedan para disfrutar de ellos mismos?

¡Aceptemos la abundancia y la prosperidad en nuestras vidas!

¡Atrevámonos a ser felices!

¡Me merezco todo lo bueno, me libero de las limitaciones y creencias impuestas por la sociedad y por mi pasado. Soy libre y disfruto de la totalidad de las posibilidades!

Aquí dejamos unos pasos que pueden ayudaros a aceptar esta abundancia de vida:

  • Alégrate de la prosperidad ajena, criticar la forma en que otros administran sus ingresos equivale a decirle al Universo: a mi no me gusta gastar ni tener mucho.
  • Elimina los límites a tus ingresos, no te limites a unos ingresos fijos. Nunca sabes de dónde puede provenir una fuente nueva de ingresos.
  • Identifica en ti las falsas creencias que causan tus carencias. La mayoría de nosotros hemos crecido con estas creencias.
  • Agradece lo que ya tienes, aunque no te guste del todo y desees algo mejor.
  • Aprende a recibir, agradece de corazón lo que los demás te ofrecen, los piropos…
  • Permítete aceptar la abundancia en tu Vida
  • Deja marchar lo viejo, dejando así espacio para acoger lo nuevo.
 
Fuente: http://bit.ly/2rUtjpY

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Lealtades Familiares Invisibles

Lealtades Familiares Invisibles

Todos vivimos lealtades familiares, aunque no nos demos cuenta, por eso son invisibles. Son precisamente esas vivencias que no entiendo o que repito o que no se donde están ancladas esas fidelidades a mi clan, estas se heredan para que todo vuelva a su equilibrio. Ese es el propósito de todo, el equilibrio, o sea que cuanto antes lo veamos y lo gestionemo, podremos volar con nuestras propias alas.

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Lealtades Familiares Invisibles

CODEPENDENCIA-CONSECUENCIAS EMOCIONALES

Las relaciones familiares o de pareja pueden volverse tóxicas si no estableces límites claros que protejan tu bienestar emocional. La codependencia surge cuando asumes los problemas de otro y te preocupas más por él que por ti

 

La codependencia es un conjunto de emociones y actitudes que conducen al individuo que la sufre (codependiente) a involucrarse en los problemas de otra persona a la que se vincula afectivamente (hijo, pareja, amigo, familiar, compañero…), preocupándose en exceso por el bienestar de ésta, y olvidándose de sí mismo y de sus propias necesidades. Es por ello que el codependiente parece estar siempre vinculado a personas con dificultades a quienes él cree poder ayudar llegando a hacerse cargo, al menos emocionalmente, de sus problemas.

A pesar de que aparentemente este hecho podría parecer una conducta altruista sin más, en realidad no lo es. Al cuidar del otro, el codependiente hace que éste le necesite pudiendo de esta manera ejercer un control indirecto sobre la otra persona, ya que en algunos casos, el codependiente puede llegar a chantajear emocionalmente a su protegido, retirándole la ayuda que le estaba dando si la conducta de éste no se ajusta a lo que él considera que debería ser. Sin embargo, cuando el otro no responde a sus generosos gestos de ayuda, o no lo hace como el codependiente desea, este último experimenta unas grandes dosis de frustración y emociones negativas (por ejemplo, angustia, tristeza, sensación de vacío) pudiendo incluso llegar a sufrir problemas emocionales como trastornos de ansiedad o depresión.

Como es un persona Codependiente

La codependencia puede darse en cualquier ámbito de relación afectiva de la persona que padece esta condición, aunque lo más frecuente es que aparezca en la relación de pareja o con los hijos, padres, o hermanos. Por lo general, la persona codependiente no sabe poner límites en la relación con el otro (no sabe dónde acaban los intereses del otro y donde empiezan los suyos), asumiendo a veces fuertes niveles de soledad y de frustración ya que, en algunas ocasiones, son víctimas de chantaje emocional de la persona de la que codependen.

Su perfil suele caracterizarse por:

  • Bajos niveles de autoestima
  • Elevada necesidad por sentirse aceptado (necesitan sentirse excesivamente queridas o valoradas)
  • Altamente sensibles a la crítica del otro
  • Dependientes afectivamente
  • Con temor a ser abandonadas
  • Su fuerza reside en la fortaleza frente a los que ayudan (se sienten seguros cuando están al lado de personas que ellos creen más débiles y que, por lo tanto, las necesitan)
  • Tendencia a la autoculpa e inseguridad

Consecuencias de la Codependencia

Si te preguntas qué consecuencias trae consigo la codependencia la respuesta es clara y concisa: nada bueno para nadie. No sólo es el codependiente el que puede verse afectado por este tipo de relación, sino que la otra persona también puede salir muy perjudicada, ya que dependiendo de su fortaleza puede acabar siendo víctima del chantaje emocional del codependiente que le presiona mediante un “te retiro lo que te doy”, a lo que se le une que mientras el codependiente le resuelve sus problemas, él no desarrolla habilidad alguna de afrontarlos. Pero si alguien puede verse realmente afectado por este tipo de relación enfermiza es el codependiente. Las consecuencias que sufrirá son emocionales, sociales y físicas:

  • Consecuencias emocionales: ansiedad, frustración, y tristeza cuando el otro no hace lo que él cree que tiene que hacer. Soledad y desvalorización cuando el otro no acepta su ayuda. Estas reacciones emocionales pueden dar lugar a graves problemas psicológicos, que pueden a su vez ser causa y consecuencia de la codependencia, como es el caso de la baja autoestima, los trastornos de ansiedad, depresiones, etcétera.
  • Consecuencias sociales: el codependiente depende de la otra persona como si ésta fuera una droga y, como tal, ocupa gran parte de su vida dedicándose a cubrir todas sus necesidades y preocupándose por él. Es por ello, que a veces el codependiente se aísla socialmente de otras personas, o su comportamiento interfiere en el trabajo o en otros proyectos personales porque no les dedica suficiente tiempo.
  • Consecuencias físicas: la intensidad emocional que sufre el codependiente conlleva una importante activación psicofisiológica, que puede dar lugar a una elevada sensación de cansancio o fatiga, problemas para dormir, dolores de cabeza o musculares, hipertensión arterial y problemas digestivos, entre otros. 

Cómo liberarse de la codependencia

Por la elevada implicación afectiva que hay entre los miembros de la familia o pareja, no es de extrañar que en el seno de las mismas sea donde pueden aparecer los casos más peligrosos o extremos de codependencia. Un claro ejemplo de ello son los madres y padres que se sienten responsables y se hacen cargo de las malas decisiones de hijos de casi 20 años que no hacen nada provechoso en su vida y no dejan de meterse en líos; o las parejas que dejan de realizar actividades que antes les resultaban gratificantes, o de relacionarse con sus amigos y familiares, y asumen las limitaciones o miedos del otro para de esta manera protegerle; por no hablar de aquellos familiares de personas con adicciones o patologías psiquiátricas (alcoholismo, ludopatía, demencias…) que asumen los cambios que tienen que hacer en su vida en beneficio del otro verbalizando frases como “parece que él depende de mí, pero realmente yo soy quien dependo de él”.

La codependencia en la familia o en la pareja es una de las situaciones más duras y difíciles para salir de esta dinámica, ya que el sentimiento de culpabilidad que le acarrea al codependiente el hecho de ‘dejar al otro abandonado’ es uno de los principales obstáculos para superarla. La codependencia es una situación que puede resultar tan nociva para el codependiente como para el objeto de sus desvelos.

  • Comienza reflexionando acerca de qué te parece la relación que tienes con el otro; sé sincero y haz un balance entre lo que das y lo que recibes. Escríbelo en dos listas para que te resulte más sencillo analizarlo.
  • Enfréntate a tus propios sentimientos: qué te parece lo que te involucras en la vida del otro, por qué lo haces, qué consecuencias tiene, qué pasaría si el otro no acepta tu ayuda…
  • Es posible que tu codependencia tape algún aspecto de tu vida que no funcione y no quieras afrontar, o te sirva para intentar evitar un miedo (por ejemplo un sentimiento de fracaso personal si mi hijo no tiene un buen trabajo). Si es así, debes plantearte solucionar el problema subyacente en vez de esquivarlo manteniendo una actitud que no te hará feliz ni a ti, ni a la persona a la que cuidas.
  • Dedícate tiempo para ti: ¿has pensado qué haces para ti a lo largo de la semana? Si tu única actividad gratificante es cuidar de otro algo no va bien.
  • Busca actividades y hobbies que te agraden y motiven, rodéate de gente y cultiva las relaciones sociales; en definitiva: vive tu propia vida.
  • Deja a un lado el sentimiento de culpa; quererte a ti mismo no significa que no quieras a otro. Existe un derecho personal que dice que “tenemos derecho a hacer menos de lo que está en nuestra mano”. Aplícatelo y recuerda que para cuidar a otro… debes empezar por quererte y cuidarte a ti mismo.
  • Si no te sientes capaz de salir de la situación en la que te has metido, busca ayuda profesional.

 

Nada tiene ningún poder sobre mí, a no ser el que yo mismo le concedo mediante mis pensamientos conscientes.
ANTHONY ROBBINS
FUENTE:
https://bit.ly/38jqq8E

Lealtades Familiares Invisibles

ANSIEDAD: ANTICIPACIÓN DE MIEDOS Y PELIGROS

 La ansiedad es una situación emocional que irrumpe en nuestras vidas cuando sentimos un peligro (real o imaginario). Es un sentimiento de inquietud profundo que altera la normalidad de nuestras capacidades cognitivas.

 

¿Qué es la Ansiedad?

Se trata de un código de supervivencia porque es una adaptación para que podamos reaccionar ante una situación de emergencia. Sin la ansiedad actuaríamos de manera inconsciente ante peligros que pondrían en riesgo nuestra supervivencia.

Realmente, la ansiedad es una señal de alerta, el aviso de un peligro que acecha. Por tanto, permite a la persona prepararse para enfrentar la situación de amenaza. Esto no tiene nada de extraño; la ansiedad es un estado emocional y constituye una respuesta habitual a diferentes situaciones estresantes. Desde este punto de vista, un determinado grado de ansiedad es positivo porque nos ayuda a gestionar el día a día de nuestra vida cotidiana ante estímulos reales o potenciales.

Cuando percibimos o imaginamos una situación de peligro potencial, el sistema simpático se dispara y toma el control de nuestro cuerpo para enfrentar ese peligro. Esas reacciones pueden ser de lucha, huída o parálisis. Sin embargo, todo cambia cuando esa ansiedad rebasa la capacidad adaptativa de la persona, convirtiéndose en patológica.

En las sociedades modernas, la ansiedad patológica se ha convertido en una enfermedad muy frecuente con repercusiones muy desagradables para quienes la sufren. Los trastornos de ansiedad más comunes son las fobias, el trastorno obsesivo-compulsivo, el trastorno de pánico, la agorafobia, el trastorno por estrés postraumático, el trastorno de ansiedad generalizada y el miedo escénico que surge normalmente al tener que hablar en público o por el solo hecho de imaginarlo – anticiparlo.

Hablamos de ansiedad patológica cuando el estímulo adaptativo supera la capacidad de respuesta del organismo, dando lugar a una respuesta intensa y desproporcionada que limita y condiciona el funcionamiento cotidiano.

Sintomas Fisicos y Psicológicos

Físicos:

Vegetativos:

  • sudoración
  • sequedad bucal
  • mareos e inestabilidad.

Neuromusculares:

  • temblores
  • tensión muscular
  • cefaleas y parestesias.

Cardiovasculares:

  • palpitaciones
  • taquicardias y dolor precordial.

Respiratorios:

  • disnea.

Digestivos:

  • náuseas
  • vómitos
  • dispepsia
  • diarrea
  • estreñimiento
  • aerofagia
  • meteorismo.

Genitourinarios:

  • micción frecuente
  • problemas de la esfera sexual.

Piscológicos y conductuales:

  • Aprensión y preocupación.
  • Sensación de agobio.
  • Miedo a perder el control y a volverse loco
  • Sensación de muerte inminente.
  • Dificultad de concentración y sensación de pérdida de memoria.
  • Inquietud, irritabilidad y desasosiego.
  • Inhibición o bloqueo psicomotor.
  • Obsesiones o compulsiones.

Las personas que sufren ansiedad patológica sienten angustia y miedo; desean huir a pesar de no poder identificar nítidamente ni el peligro ni los motivos de ese anhelo de huida. La ansiedad patológica no es tanto la manifestación de diversos problemas a los que se enfrenta la persona en su vida cotidiana como la idealización que de esos problemas y situaciones hace la persona. El problema se agrava cuando esta reacción que denominamos ansiedad patológica es muy intensa, como en los ataques de pánico (situaciones en las que la persona no puede controlar su ansiedad) o cuando esa reacción aguda se convierte en hábito, es decir, crónica o muy frecuente.

En el fondo, la ansiedad manifiesta una falta de confianza hacia la vida, falta de confianza que deviene en temor sin un motivo real que sume a la persona en la angustiosa espera de un peligro impreciso e improbable. Esta espera dolorosa bloquea a la persona y la impide vivir, sentir y disfrutar el momento presente, obsesionándose con lo que pueda ocurrir, imaginando toda clase de potenciales peligros y reveses, observando cualquier circunstancia o señal que pueda confirmar sus sospechas.

La imaginación entraña peligros. Bien manejada, nos permite generar situaciones y escenarios para afrontar conflictos; pero en una persona con ansiedad la imaginación suele llevarle a los peores finales posibles. La ansiedad esconde, por tanto, una profunda desvalorización e impotencia que nos lleva a creer que no somos capaces de afrontar y gestionar con éxito las situaciones.

Resulta crucial tomar conciencia de que cuando hay ansiedad realmente es la imaginación la que toma el control, impidiéndonos disfrutar del presente, dando paso a miedos y peligros posibles, pero improbables. Hay que aprender a confiar más en nosotros mismos, en nuestras capacidades, en nuestras cualidades, en nuestra intuición, sin sentir la presión de tener que demostrar y demostrarnos nada. El intento de control sólo produce más descontrol. Si tratamos de controlar los miedos y temores que provoca la ansiedad sólo lograremos reforzarlos, alimentarlos; provocando, a su vez, miedos y temores más profundos.

Descodificación Biológica

La Descodificación Biológica de la ansiedad nos lleva necesariamente a profundizar en las situaciones y circunstancias de las que surge. Habitualmente, los conflictos emocionales inconscientes que dan lugar a la ansiedad tienen un origen transgeneracional o en la etapa del Proyecto Sentido. Receptores de programas inconscientes legados por nuestros antepasados o por nuestros padres, nacemos predispuestos o diseñados para repetir lo que ellos sufrieron, sus miedos, sus temores. La exposición, incluso décadas después, a circunstancias emocionales similares a las que ellos afrontaron hará que probablemente somaticemos dichos conflictos. Por eso, es determinante tomar conciencia del origen real del programa inconsciente que desata la ansiedad, pues ésta es en realidad el aviso de que albergamos en nuestro inconsciente un conflicto emocional activo y latente.

La ansiedad manifiesta la existencia de una emoción profunda -normalmente heredada- que debemos localizar para llevarla a la conciencia -hacerla consciente- y aprender a manejarla. Averiguar y comprender las circunstancias en las que se programó el conflicto y las que lo activan en nosotros resulta esencial para neutralizar la ansiedad y evitar que se convierta en algo más grave. Sólo reviviendo en detalle las circunstancias en las que nació el conflicto que se esconde tras la ansiedad y la situación y el sentido por el que éste se manifiesta en nosotros será factible descodificarlo de manera efectiva, encontrar el «para qué», tomar conciencia y desaprender; es decir, cambiar las creencias asociadas a esos miedos y temores para liberarnos y desactivar el conflicto tanto en nosotros mismos como en nuestros descendientes.

FUENTE: https://bit.ly/2VfDXsN

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CAMBIAR TU MENTALIDAD PARA LIBERAR TUS LIMITACIONES

En ocasiones el principal obstáculo para lograr los objetivos personales y profesionales, son las mismas limitaciones que cada persona conserva en su mente, lo que hace necesario, la determinación y el deseo de superarse

 

Para poner en marcha los objetivos a corto y largo plazo y cumplir los sueños propuestos en un principio, es fundamental dejar de sentirse preso de lo que no ha cumplido hasta el momento, de las deudas por cancelar, de la rutina y de las responsabilidades.

Esto le ayudará a dejar el pesimismo y negativismo de lado, pues quiéralo o no, usted está en un mundo que cada vez es más competitivo, donde la base para sobrevivir es la propio deseo de superarse.

¿Dónde nacen las limitaciones?

Las limitaciones están en la mente de cada persona, éstas aumentan a medida que juzga su actuar negativamente, maximiza sus más pequeños defectos y errores, y disminuye su capacidad de enfocarse y sentirse libre.

La mejor manera de enfrentarlas es adquiriendo nuevos hábitos y haciéndose amigo de las buenas prácticas, incorporando así, elementos que le permitan romper con esas cadenas.

 

Tres pasos para liberarse de las limitaciones y llegar al éxito:

 

  1. Sea agradecido.

Enfóquese y resalte lo bueno que tiene. Agradezca que se encuentra bien de salud, que es autosuficiente, que cuenta con un empleo y un hogar. Siempre que pueda repita mentalmente la palabra “gracias”, esto lo revitalizará y animará a seguir enfrentando su realidad.

Recuerde lo valioso que es para sí mismo y para la sociedad. Usted tiene virtudes únicas que de ser exploradas son de gran contribución para las personas de su entorno.

  1. Céntrese en sus metas.

Enfoque su atención en los aspectos positivos de su vida, y permita que su mente lo dirija única y exclusivamente a sus objetivos. Deje de lado los resentimientos que lo llevan al pasado y lo único que hacen es generar juicios negativos hacia usted mismo.

  1. Confíe en sus habilidades y capacidades.

Las dificultades no son para siempre y el único que puede cambiar la realidad es usted mismo. Por eso, confíe en sus convicciones e ideales y busque el mejor camino para llevarlos a cabo.

Luchar contra las limitaciones es una tarea diaria. Por ello, disfrute de este proceso dentro de un entorno dinámico, ya que la vida es corta y hay que aprovecharla al máximo.

Limites Personales que nos impiden crecer

 

  •       No pierdas el norte

Tu vida tiene que tener fronteras que la delimiten; de lo contrario, podrías tener serios problemas en lo que se refiere a las relaciones personales. Si eres consciente de tus sentimientos, pensamientos, emociones y de quién eres realmente, te comportarás como un individuo con identidad sin que corras el riesgo de verte influenciado por tu entorno.

  • En el amor vale todo

Creer que por amar a alguien o porque te amen no existe una señal de stop puede ser altamente perjudicial; todos sabemos que hay cosas que no deseamos hacer, por nada ni por nadie. Sin embargo, cuando nos vemos en la situación de hacerlo y no somos capaces de decir NO, las consecuencias se dejaran ver tarde o temprano, quizá en forma de reproche, resentimiento, ira y otras formas que no serán nada buenas para la relación.

  •       Tienes permiso para ser egoísta

Sin duda, cuando hablamos de aptitud y actitud el egoísmo ocupa un lugar protagonista y es que tiene la virtud de hacernos sentir culpables. Pero, déjame decirte que esto también es una creencia aprendida. No tiene nada de malo ponerte en primer lugar siempre y saber decir que NO, cuando así lo sientes.

De lo contrario, puedes encontrarte con tu barco hundiéndose y por dejarte en segundo o último lugar hundirte con él sin ser capaz de ayudar a nadie más, ni tan siquiera a ti mismo.

  •       Para poner límites hay que tener carácter

Esto no es verdad; creo que para establecerlos solo tienes que tener en claro qué es lo que quieres para tu vida y lo que no, y hasta dónde estás dispuesto a tolerar sin verte comprometido o maltratado. Para poner límites no tienes necesidad de ser agresivo, autoritario ni arrogante.

  •      Si no estableces limites podrías agotarte

Es una cuestión  de pura aptitud pero también de actitud contigo mismo. Imagina que dices que Sí absolutamente a todo ¡no tendrías tiempo para nada! Además seguramente estarías lleno de problemas y promesas incumplidas, ya que nadie puede estar a disposición de otros el 100% de su tiempo.

Además de que sería una pérdida de energía increíble, también te sentirías en cierta forma vacío debido a  que al no saber decir que NO, seguramente te verías envuelto en muchas cosas que en realidad no deseas hacer.

  •     Si no sabes puedes aprender

Te sorprendería saber que hay una gran cantidad de gente que no sabe poner límites y cuando intenta hacerlo se siente muy mal, pero paradójicamente cuando no lo hacen se sienten peor con ellos mismos. Vuelvo a decirte que también en éste caso tienes que saber que tu nivel de aptitud y actitud deben combinarse entre sí para poder hacerlo.

 

 

No hay personas perezosas, sino personas con objetivos impotentes: esto es, objetivos que no les proporcionan inspiración. 

ANTHONY ROBBINS

 

FUENTES:
https://bit.ly/3ervHxc
https://bit.ly/3dr8RV3
Lealtades Familiares Invisibles

LOS PROCESOS DE DUELO-PÉRDIDAS

El ser humano necesita de los vínculos para crecer y desarrollarse. Cuando algunos de esos vínculos se rompen, surge un periodo de gran intensidad emocional al que llamamos duelo.

 

Si la pérdida es radical y definitiva, como en el caso de la muerte, todas las dimensiones de la persona se ven afectadas (dimensión física, emocional, cognitiva, conductual, social y espiritual) de tal manera que la persona se puede llegar a sentir incapaz de superarlo y/o desarrollar un duelo patológico que requerirá la intervención profesional para su recuperación.

Son muchos los factores que intervienen en el tipo de duelo, como circunstancias de la muerte, relación con el fallecido, personalidad y el contexto sociofamiliar.

Para el completo restablecimiento de una pérdida, el duelo atravesará una serie de etapas o fases.

Deberá realizar cuatro tareas fundamentales: 

  1. Aceptar la realidad de la pérdida. 
  2. Expresar las emociones y el dolor. 
  3. Adaptarse a un medio en el que el ser querido está ausente. 
  4. Recolocar emocionalmente al fallecido y continuar viviendo.

Desde el propio nacimiento, como la primera dolorosa separación, la vida de cada uno de nosotros es un continuo de pérdidas y separaciones, hasta la última y probablemente más temida, que es la de la propia muerte y la de nuestros seres queridos.

Todas las pequeñas o grandes separaciones que vamos viviendo, no solamente nos recuerdan la provisionalidad de todo vínculo, sino que nos van preparando para el gran y definitivo adiós.

Cada pérdida acarreará un duelo, y la intensidad del duelo no dependerá de la naturaleza del objeto perdido, sino del valor que se le atribuye, es decir, de la inversión afectiva invertida en la pérdida. Considerar la muerte de una persona querida como un tipo de pérdida, más que verla como algo único y totalmente diferente, nos va a permitir integrarla en un modelo más amplio de las reacciones humanas.

Podemos, considerar que el duelo es producido por cualquier tipo de pérdida, y no sólo es aplicable a la muerte de una persona. Por lo tanto el proceso de duelo se realiza siempre que tiene lugar una pérdida significativa, siempre que se pierde algo que tiene valor, real o simbólico, consciente o no para quien lo pierde.

Tipos de pérdidas

1.Pérdida de la vida

Es un tipo de pérdida total, ya sea de otra persona o de la propia vida en casos de enfermedades terminales en el que la persona se enfrenta a su final.

2.Pérdidas de aspectos de sí mismo

Son pérdidas que tienen que ver con la salud. Aquí pueden aparecer tanto pérdidas físicas, referidas a partes de nuestro cuerpo, incluidas las capacidades sensoriales, cognitivas, motoras, como psicológicas, por ejemplo la autoestima, o valores, ideales, ilusiones, etc.

3.Pérdidas de objetos externos

Aquí aparecen pérdidas que no tienen que ver directamente con la persona propiamente dicha, y se trata de pérdidas materiales. Incluimos en este tipo de pérdidas al trabajo, la situación económica, pertenencias y objetos.

4.Pérdidas emocionales

Como pueden ser rupturas con la pareja o amistades.

5.Pérdidas ligadas con el desarrollo

Nos referimos a pérdidas relacionadas al propio ciclo vital normal, como puede ser el paso por las distintas etapas o edades, infancia, adolescencia, juventud, menopausia, vejez, etc. 

 

¿Qué es el duelo?

El duelo es esa experiencia de dolor, lástima, aflicción o resentimiento que se manifiesta de diferentes maneras, con ocasión de la pérdida de algo o de alguien con valor significativo. Por lo tanto podemos afirmar que el duelo es un proceso normal, una experiencia humana por la que pasa toda persona que sufre la pérdida de un ser querido. Así es que no se trata de ningún suceso patológico. Incluso hay quien sostiene que el duelo por la pérdida de un ser querido es un indicador de amor hacia la persona fallecida. No hay amor sin duelo por la pérdida.

Fases del Proceso de Duelo

1.Fase de aturdimiento o etapa de shock

Es como un sentimiento de incredulidad; hay un gran desconcierto. La persona puede funcionar como si nada hubiera sucedido. Otros, en cambio, se paralizan y permanecen inmóviles e inaccesibles. En esta fase se experimenta sobre todo pena y dolor. El shock es un mecanismo protector, da a las personas tiempo y oportunidad de abordar la información recibida, es una especie de evitación de la realidad.

2.Fase de anhelo y búsqueda

Marcada por la urgencia de encontrar, recobrar y reunirse con la persona difunta, en la medida en que se va tomando conciencia de la pérdida, se va produciendo la asimilación de la nueva situación. La persona puede aparecer inquieta e irritable. Esa agresividad a veces se puede volver hacia uno mismo en forma de autorreproches, pérdida de la seguridad y autoestima.

3.Fase de desorganización y desesperación

En este periodo que atraviesa el deudo son marcados los sentimientos depresivos y la falta de ilusión por la vida. El deudo va tomando conciencia de que el ser querido no volverá. Se experimenta una tristeza profunda, que puede ir acompañada de accesos de llanto incontrolado. La persona se siente vacía y con una gran soledad. Se experimenta apatía, tristeza y desinterés.

4.Fase de reorganización

Se van adaptando nuevos patrones de vida sin el fallecido, y se van poniendo en funcionamiento todos los recursos de la persona. El deudo comienza a establecer nuevos vínculos.

El conocer las manifestaciones y las fases del duelo tienen una utilidad práctica, si entendemos que las fases son un esquema orientativo y no rígido, que nos puede guiar a la hora de saber en qué situación se encuentra la persona en su proceso de duelo.

Vivencias de la persona en duelo

En general en todos los duelos existirán muchas características comunes, puesto que parten de una información básica heredada y en íntima relación con nuestra supervivencia. Sin embargo, la experiencia, el aprendizaje, la personalidad, y otra serie de factores externos, como pueden ser otros vínculos, moldearan de forma individual la respuesta de duelo en cada individuo.

Las emociones son parte del legado genético de nuestra especie, que permanecen en nuestras células. Y aunque somos un todo interdependiente, podemos distinguir distintas dimensiones de nuestro ser que se verán afectadas de diferente manera ante la experiencia de duelo.

Dimensión física

Se refiere a las molestias físicas que pueden aparecer a la persona en duelo. Sequedad de boca, dolor o sensación de “vacío” en el estómago, alteraciones del hábito intestinal, opresión en el pecho, opresión en la garganta, hipersensibilidad a los ruidos, disnea, palpitaciones, falta de energía, tensión muscular, inquietud, alteraciones del sueño, pérdida del apetito, pérdida de peso, mareos. Algunas investigaciones han demostrado que las situaciones de estrés están íntimamente relacionadas con la inmunodepresión y, por tanto, el organismo humano es más vulnerable a enfermar. Y obviamente la muerte de un ser querido es una de las experiencias más estresantes.

Dimensión emocional

Aquí señalamos los sentimientos que el deudo percibe en su interior. Los estados de ánimo pueden variar y manifestarse con distintas intensidades. Los más habituales son: sentimientos de tristeza, enfado, rabia, culpa, miedo, ansiedad, soledad, desamparo e impotencia, añoranza y anhelo, cansancio existencial, desesperanza, abatimiento, alivio y liberación, sensación de abandono, amargura y sentimiento de venganza.

Dimensión cognitiva

Se refiere a lo mental. Dificultad para concentrarse, confusión, embotamiento mental, falta de interés por las cosas, ideas repetitivas, generalmente relacionadas con el difunto, sensaciones de presencia, olvidos frecuentes.

Dimensión conductual

Se refiere a cambios que se perciben en la forma de comportarse con respecto al patrón previo. Aislamiento social, hiperactividad o inactividad, conductas de búsqueda, llanto, aumento del consumo de tabaco, alcohol, psicofármacos u otras drogas.

Dimensión social

Resentimiento hacia los demás, aislamiento social.

Dimensión espiritual

Se replantean las propias creencias y la idea de trascendencia. Se formulan preguntas sobre el sentido de la muerte y de la vida.

Formas diferentes de duelo

La presencia o no de duelo patológico se va a caracterizar, fundamentalmente, por la intensidad y la duración de la reacción emocional. Por lo tanto, sí es posible señalar que hay un duelo “normal” y otro “patológico”, de acuerdo con la intensidad del mismo y su duración.

Parece que las personas que en su niñez más temprana no han sido estimuladas y apoyadas a ser personas individuales, con su identidad separada, posteriormente tienen dificultades para desprenderse, tienden a aferrarse, y por eso les resulta tan difícil elaborar el duelo.

Duelo anticipatorio

Es un tipo de duelo en el que el deudo ya ha empezado la elaboración del dolor de la pérdida sin que esta haya ocurrido todavía. Es una forma de anticipar la pérdida que irremediablemente ocurrirá en un corto periodo de tiempo. Este tipo de duelo es relativamente frecuente cuando el ser querido se encuentra en una situación de terminalidad, aunque no haya fallecido. Es una forma de adaptación a lo que va a llegar.

Duelo crónico

El deudo se queda como pegado en el dolor, pudiendo arrastrar durante años, unido muchas veces a un fuerte sentimiento de desesperación. La persona es incapaz de rehacer su vida, se muestra absorbida por constantes recuerdos y toda su vida gira en torno a la persona fallecida, considerando como una ofensa hacia el difunto restablecer cierta normalidad.

Duelo congelado o retardado

Se le conoce también como duelo inhibido o pospuesto. Se presenta en personas que, en las fases iniciales del duelo no dan signos de afectación o dolor por el fallecimiento de su ser querido. Se instaura en el deudo una especie de prolongación del embotamiento afectivo, con la dificultad para la expresión de emociones. En el duelo congelado, a los deudos les cuesta reaccionar a la pérdida.

Duelo enmascarado

La persona experimenta síntomas (somatizaciones) y conducta que le causan dificultades y sufrimiento, pero no las relaciona con la pérdida del ser querido.

En este tipo de duelo, el deudo acude frecuentemente a los médicos aquejados de diferentes disfunciones orgánicas, pero calla el hecho de su pérdida reciente, ya que no lo relaciona con ello.

Duelo exagerado

También llamado eufórico. Este tipo de duelo puede adquirir tres formas diferentes.

•Caracterizado por una intensa reacción de duelo. En este caso habrá que estar atentos a las manifestaciones culturales para no confundirlo con ellas.

•Negando la realidad de la muerte y manteniendo, por lo tanto, la sensación de que la persona muerta continua viva.

•Reconociendo que la persona sí falleció, pero con la certeza exagerada de que esto ocurrió para beneficio del deudo.

Duelo normal

Quizás deberíamos haber comenzado esta clasificación por este tipo de duelo, que es el más frecuente, y que se caracteriza por diferentes vivencias en todas las dimensiones de la persona.

•Aturdimiento y perplejidad ante la pérdida.

  • •Dolor y malestar.
  • •Sensación de debilidad.
  • •Pérdida de apetito, peso, sueño.
  • •Dificultad para concentrarse.
  • •Culpa, rabia.
  • •Momentos de negación.
  • •Ilusiones y alucinaciones con respecto al fallecido.
  • •Identificación con el fallecido.

 

Los duelos, por muy dolorosos y complicados que resulten, pueden ser oportunidades excepcionales para nuestro crecimiento personal y realización, siempre y cuando seamos capaces de afrontarlos y de integrar la correspondiente pérdida.

La persona sana es aquella que no intenta escapar del dolor, sino que sabiendo que ocurrirá intenta saberlo manejar.

 

FUENTE:
https://bit.ly/3dQMgSR
Lealtades Familiares Invisibles

BIODESCODIFICACIÓN: EMOCIONES QUE AFECTAN TU SISTEMA INMUNOLÓGICO

Las personas sociables y extrovertidas tienden a tener una función inmunológica más fuerte.


Ya hay estudios que comprueban que la actitud mental y la fortaleza emocional juegan un papel importante en nuestra salud. Esto se debe a que tu sistema inmunológico y tu cerebro están conectados.  Este campo es conocido como la psiconeuroinmunología.

Esta ciencia ya ha comprobado que el estrés puede ocasionar enfermedades, y que a la inversa, los momentos felices y de diversión pueden aliviar molestias y dolores. Tanto así, que las personas sociables y extrovertidas tienden a tener una función inmunológica más fuerte.

¿Qué conflicto emocional estoy viviendo?

El conflicto emocional básico o primordial que yo debo estar viviendo para dañar mis defensas, mi sistema inmunitario, para desarrollar una enfermedad auto inmune o para presentar una inmunodeficiencia, necesariamente está relacionado con la confianza en mí mismo, en los míos, en mis relaciones.

Inconscientemente, he vivido mi vida sin poder defenderme de los demás, ya sea porque me siento inferior, o porque me han hecho creer que lo soy. Pero jamás me he defendido, ni he defendido mis creencias o mi forma de ser, me siento constantemente atacado y no he sido capaz de “luchar por mí”.

Por lo general, toda persona que presente una deficiencia de éste tipo, proviene de un hogar o de un ambiente de crianza, en donde uno o ambos padres o educadores, tienen un carácter “castrante”, “dominante”, “impositivo” (de imponer), donde el “debe ser” no es un tema a discusión y en donde se espera que seamos lo que ellos esperan que seamos.

Hogares o ambientes en donde las creencias religiosas o culturales son impuestas, así como también profesiones, carácter y hasta gusto por cierto tipo de aspectos de la vida como música, cultura, forma de vestir, de comportarse o de actuar.

El crecer para “darle gusto a los demás”, para “ser aceptado por los demás”, provoca un carácter sumiso, callado, y por mucha rebeldía que el consciente quiera demostrar, el inconsciente biológico se siente “sometido”.
Debo obedecer, callar y olvidarme de “ser yo”.

Crezco sin el permiso para defenderme, para expresar mis ideas, con miedo de no ser aceptado o de ser rechazado. Temo que no me quieran por ser diferente.

Se puede decir que la emoción oculta y principal de toda inmunodeficiencia es:

  • Me siento atacado por la familia (o un miembro de la familia) y yo no digo nada.

Si el ambiente que me rodea no contiene nada de lo anterior y yo vivo sin miedo alguno a ser yo, soy fuerte y mi autoestima está por los cielos, entonces deberé irme a mi Transgeneracional, para buscar estas vivencias en mis dobles.

Tengo que encontrar a dobles que hayan vivido sometidos, que hayan vivido guardando las apariencias, obedeciendo los deseos de los padres, siguiendo las reglas del “debe ser”, etc.

En el proyecto sentido, deberé buscar historias en donde mi madre o mis padre, hayan vividos éstas emociones durante el embarazo.

Si mi autoestima está bien, si todo en mi vida está perfecto y yo sé que puedo defenderme, defender mis ideas, gustos y creencias, entonces sólo me falta decírselo a mi subconsciente, reconocer mi fuerza, mi fortaleza.

Para ello, puedo escribir una carta de duelo liberándome de haber pensado que estaba enfermo. Aceptando que no viviré más con mis defensas bajas, que merezco vivir sano y que no voy a cargar con historias de otros, de la familia.

 

FUENTE: https://bit.ly/2QJm96M