A todos nos pasa que nuestro cuerpo reacciona físicamente ante las emociones. Pero en algunas casos, este mecanismo llega a extremos que pueden suponer una discapacidad para quien lo sufre.

La neuróloga irlandesa Suzanne O’Sullivan conoció a Yvonne apenas se graduó como médica, esta paciente de 40 años había ingresado el hospital el día anterior, después de que un compañero de trabajo le rociara accidentalmente los ojos con un producto de limpieza dejándola ciega, sucesivos baños oculares no sirvieron para aliviar el dolor y la irritación de sus ojos, ni para devolverle la vista. Los exámenes a los que fue sometida durante los seis meses siguientes, sin embargo, coincidían en el resultado: la ceguera no respondía a ninguna causa física.

La discapacidad visual de Yvonne, concluyeron los médicos, era de origen psicosomático, es decir: su ceguera era una manifestación física de un estrés emocional. Los demás (que llegaban a su consultorio frustrados después de ver a distintos especialistas que no lograban dar en el clavo) presentaban síntomas tan severos como los de Yvonne: unos venían en silla de ruedas, otros presentaban inflamaciones, describían dolores, parálisis, desmayos y convulsiones.

Un factor común aunaba a estos pacientes con dolencias tan agudas como variadas: la falta de una explicación médica para sus síntomas y la gran mayoría, sino todos, se negaba a aceptar el origen psicológico de su enfermedad. Pero no es por azar que estos pacientes acabaron buscando la opinión de O’Sullivan, esta es una situación que se repite en casi todos los consultorios médicos.

“Dedico gran parte de mi tiempo a pacientes con convulsiones y, por lo general, de las personas que veo, un tercio sufre convulsiones por causas psicológicas. Pero de acuerdo a estudios, en otras especialidades médicas también un tercio de los pacientes padece síntomas de origen psicológico”, comenta O’Sullivan.

¿Pero qué lleva a nuestro cuerpo a expresar síntomas de una enfermedad que no tenemos? ¿Por qué enmascaramos con dolor, debilidad o parálisis lo que en realidad son emociones?

“Nuestro cuerpo produce síntomas físicos en respuesta a las emociones todo el tiempo. A mucha gente le tiemblan las manos cuando tiene que hacer una presentación, a otros les late más fuerte el corazón si están ansiosos o hay quienes se sonrojan cuando sienten vergüenza”, dice O’Sullivan.

Es algo que nos pasa a todos, pero no podría decir por qué en ciertos individuos este mecanismo decide crear una patología. Lo que ocurre es que todos tenemos una forma diferente de lidiar con el estrés y tampoco podemos escaparnos de estos síntomas como evitamos una gripe al abrigarnos en invierno, o una lesión muscular, calentando el cuerpo antes de correr. No podemos evitar los síntomas físicos frente a una situación de estrés, explica la neuróloga.

Lo que si podemos hacer es evitar que eso se transforme en una discapacidad. Puedes aprender a reconocerlos cuando te ocurren y alterar lo que haces en respuesta, explica la neuróloga y es justamente la falta de una raíz física lo que ha llevado históricamente a que la medicina desestime esta clase de desórdenes, cuando los reconoce.

Todo depende de nuestra forma de lidiar con el estrés emocional, esto incluso se ve plasmado en el lenguaje que los médicos utilizan para hablar sobre estas enfermedades. Si una persona tiene una discapacidad y los exámenes muestran resultados normales, solemos decir que no tienen nada”, cuenta O’Sullivan. Los médicos estamos entrenados para enfocarnos en las enfermedades, para encontrarlas, estamos preocupados por que no se nos escapen (cuando examinamos a un paciente). 

La situación contraria, (pensar que alguien tiene una enfermedad para darse cuenta luego de que era psicosomática) es mucho menos grave, señala, la atención está tan centrada en la enfermedad, que una vez que se descarta, la tarea pareciera darse por terminada y es esta falta de atención e importancia que se les da estas aflicciones lo que ha contribuido a crear un estigma alrededor de las enfermedades psicosomáticas.

De modo tal que al paciente le resulta muy difícil aceptar el diagnóstico, que suele vivir como si se tratase de un insulto.

Autor: Laura Plitt en BBC Mundo Ciencia.

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