El estrés se ha convertido en un fenómeno natural en la vida adulta. Las responsabilidades con relación al trabajo, las exigencias, las preocupaciones y, también, el cuidado de los niños puede provocar que los niveles de estrés aumenten muy por encima de lo normal. Pero, ¿qué sucede con el estrés en niños?

Ellos se han visto afectados en los últimos años por la falta de tiempo que tienen para aburrirse y jugar. Las clases particulares, aprender idiomas, hacer los deberes del colegio, levantarse temprano para ir a la escuela. Al final, los niños terminan muy estresados y con problemas de ansiedad.

Este es el tipo de estrés que entendemos actualmente, pero si profundizamos en el tema de estrés en niños podemos descubrir que desde el nacimiento los niños ya están sometidos al estrés. “El primer llanto se registra como una respuesta al estrés, al propio estrés de llegar a la vida”. Por lo tanto, ¿qué tiene de normal el estrés en niños? Esto es lo que vamos a ver a continuación.

El estrés en niños, una respuesta natural y necesaria

El estrés, desde lo que comenta la AEPED, es una respuesta natural y necesaria. Este aparece para poder llorar y abrir los pulmones para iniciar la respiración una vez el bebé nace. Pero, después el estrés en niños continúa estando muy presente.

Como bien indica la AEPED, “durante las primeras etapas de la vida, el llanto es la expresión emocional más común de la respuesta a factores estresantes indeseados”. Se trata de algo normal, un estrés sano.

Pero, la asociación explica que “el estrés es percibido como sufrimiento y debe mitigarse”. Por eso, los padres suelen cantarles nanas a los niños que lloran, darles un chupete para que dejen el llanto o les acunan… Hay una perspectiva negativa sobre ese estrés primario, natural y necesario que se intenta paliar de alguna manera. ¿Esto es negativo? En realidad, no.

Sin embargo, es cierto que el estrés en niños puede ser algo negativo cuando los padres intentan aliviar cualquier indicio de este aunque sea momentáneo. Según la AEPED, “se ha progresado hacia la creación alrededor del niño de un universo absolutamente protegido y protector que le evite el más mínimo sufrimiento, real o percibido”. Esto no es positivo, pues este tipo de emociones que se tildan de negativas forman parte de la vida y permiten que los niños desarrollen sus capacidades. Esto, claro está, siempre y cuando el estrés sea causado por algo momentáneo, no que se prolongue en el tiempo.

El estrés en niños como sufrimiento

Hablemos de otro tipo de estrés, no del natural que surge necesariamente y que es útil. Tratemos ahora el estrés como padecimiento, ese que no sirve de mucho y que afecta al desarrollo de los niños. En este caso, el estrés es producto de contrariedades o agresiones, de falta de tiempo o de un cúmul de responsabilidades  que todavía no pueden asumir con la edad que tienen.

Imaginemos que un niño hace o dice algo que sus padres le recriminan. Sin embargo, ellos mismo hacen lo que le han recriminado. El niño no entiende lo que está ocurriendo. Debemos tener claro que los niños necesitan ser educados en la coherencia. El “yo puedo hacerlo porque soy mayor, pero tú no” no sirve. Esto solo generará rechazo y un estrés muy fuerte en los niños que puede hacer que se vuelvan muy rebeldes y que no respeten a sus progenitores ni a la autoridad. 

Los límites son necesarios

A pesar de que no es positivo recriminar tanto a los niños, conviene dejar claro que los limites son necesarios siempre y cuando sean coherentes. Por ejemplo, tener límites con respecto a ver la televisión o estar delante del ordenador es importante. Esto contribuirá a su educación, por lo que no es algo que se deba pasar por alto. Dentro de estos límites debe haber espacio para el tiempo libre, algo que en la actualidad parece que escasea.

También puede generarles un estrés que podemos considerar “malo” el rechazo a la actividad espontánea. Decirles constantemente a los niños que “eso no se hace” o “eso no se toca” es un problema. La emoción que van a sentir en un primer momento será frustración y, después, estrés. Por esta razón, es muy importante que los más pequeños tengan tiempo para improvisar, para aburrirse, para crear, para innovar y ser espontáneos.

Las frustraciones habituales de la vida no generan traumas

El miedo de los padres al estrés en niño deriva de que estos puedan generarles traumas. Es por esto por lo que intentan paliarlo y aliviárselo, cuando el propio estrés es natural y necesario. El estrés primario y natural no les va a causar ningún problema. Esto solo ocurrirá en el caso de contradicciones o agresiones por parte de otros niños. Cuando sucede esto, es necesario tomar medidas. Saber diferenciar los tipos de estrés es importante. Recordemos que este es adaptativo y fundamental para el buen desarrollo de los niños.

Ahora que ya sabemos que el estrés en niños es normal en determinadas circunstancias, conviene tomar medidas. Dejar que los niños se aburran, permitir que tengan tiempo libre para jugar y que puedan ser espontáneos es fundamental.

Asimismo, hay que gestionar de manera adecuada el tiempo que pasan en clases particulares o delante de una pantalla (a veces, porque no saben lidiar con su propio aburrimiento). Con esto, podemos ayudar a que el estrés en niños se convierta en algo positivo y adaptativo, en lugar de algo desadaptativo que les perjudique en el futuro. 

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