Vivir en armonía es la base de la felicidad.

En los lugares en donde no hay armonía todos se sienten desdichados; en cambio, en los que la hay, también existe la felicidad, porque la armonía es expresión de amor.

Cuando se vive separados por recelos, rencores o enemistades, la mente y el alma se llenan de pensamientos y sentimientos negativos que forman, alrededor de las personas, un «ambiente» sumamente desagradable que les impide hasta disfrutar de sus propias cosas hermosas.

Ese «ambiente» hace que quienes se acercan a esas personas o las visitan, se sientan incómodos y deseosos de alejarse. En cambio, cuando en un lugar existe armonía o cuando nos encontramos entre personas que se aman y se comprenden, nuestra alma se siente feliz, y el «ambiente» que reina en esos lugares y que rodea a las personas que viven en armonía nos atrae, impulsándonos a acercarnos a ellas.

Por eso, para lograr una convivencia feliz, es imprescindible ayudarse, comprenderse y tolerarse unos a otros y, además, tener siempre pensamientos, deseos y acciones positivas para los demás.

Imaginemos qué maravillosa sería la vida en nuestro mundo si todos los hombres se sintieran amigos y hermanos de los demás, procuraran mayudarse y protegerse recíprocamente en toda circunstancia. Vivir en armonía unos con otros podrá impedir que se produzcan nuevas guerras.

Es imprescindible que todos – mayores, jóvenes y niños – comencemos desde este momento a vivir en armonía con los demás; en el hogar y fuera de él; con quienes viven cerca y con quienes viven lejos de nosotros; con todos los grupos de la humanidad, de cualquier país, de cualquier raza, de cualquier religión o posición social que sea procuremos establecer contactos amistosos y armónicos.

En lo íntimo, en lo verdadero, todos somos absolutamente iguales, porque todos somos hijos de un Mismo y Único Padre: Dios; y Dios, al Crear, al dar Vida, no Crea superioridades e inferioridades, en consecuencia, nada ni nadie debe hacernos abandonar nuestra posición de Amor – que es amistad, comprensión, tolerancia y armonía – hacia todos los seres del mundo.

Debemos utilizar la fuerza de nuestros pensamientos y de nuestros sentimientos para formar, en nuestro mundo, un «clima» de armonía cada vez más firme.

Pensemos con amor en todos nuestros hermanos y rechacemos con todas las fuerzas de nuestra mente y de nuestra alma las ideas de antagonismos y guerras, contribuiremos, así, a obtener en el planeta el clima de armonía imprescindible para que todos los seres puedan sentirse felices y vivir en paz.

Te invito a que comiences a chequear, día a dia, la calidad de tus pensamientos, sentimientos y acciones; prometo que te sorprenderás cuando veas cuántas veces debes rectificarlos para alinearlos con la energía del Amor Universal.

Si sientes que existe desarmonía en tu entorno, revisa cuidadosamente quién estás siendo y comprométete con quién eliges ser a partir de hoy.

¡Intentemos!

Fuente: http://bit.ly/2CiAgch

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